sábado, 19 de noviembre de 2016

Bartolomé Rodríguez, tratante de carbón.

Probablemente antes de pisar Lucena Bartolomé Rodríguez no se había dedicado al comercio, ni había trabajado el Carbón. Era natural de Villarrasa, según el acta de matrimonio que tuvo lugar en la parroquia de San Vicente el 9 de abril de 1584 con la viuda Isabel García, hija de Diego Martín Camacho, uno de los mayores tratantes de la zona, y cuñado de Hernando Rodríguez Camacho, también comerciante, copropietario del barco San Juan y apoderado de la familia en Cádiz y Puerto de Santa María.
Hornos de carbón
No sabemos nada de su situación antes del matrimonio. En Lucena, el capital de su mujer le debió proporcionar una buena posición económica. La dote de ella alcanzó los 155.797 maravedíes, una suma importante, más de 4.500 reales, que incluían 3000 cepas de viña en el Hornillo y “un pedaço de manzanal en el pago del Gelo” que, a tenor de otras descripciones, debía rondar las tres fanegas y media. Ambas fincas sólo bebían ser un complemento, pues debió dedicarse a la actividad familiar hasta la muerte de su suegro en torno al año 1587.
La actividad mercantil de los Camacho durante estos primeros años es muy importante. El testamento de su suegro, que no se muestra especialmente activo en los contratos, recoge importantes débitos de carbón, compra de cepa, elaboración de hornos, y ventas de carbón, vino, y arenques, que incluyen a los arsenales del Rey en el Puerto de Santa María, y destacan la labor de su cuñado Hernando en este puerto y su provincia. Tras la muerte del suegro, la sociedad se disolvió y liquidaron cuentas de concordia en 1589 en dos escrituras sucesivas, entre ambos, y entre Hernando y la heredera de Marina la otra hermana, llamada Catalina, cuya tutela tenía Bartolomé. Desde 1587 ambos otorgan escrituras por separado aunque mantendrán lazos de mutua colaboración.

Compras de Carbón en escrituras públicas por  Bartolomé Rodríguez.

Años
Contratos
Carretadas
Valor Reales
Precio medio
Precio Baldíos
Precio vado
1587
1
8
220
27,5
27,5
-
1589
8
36
922,5
25,6
22-25
48-55
1590
10
75
2425
32,3
30-31
52
1591
17
116 y 2 costales
3549
30,5
22-29
55
1592
16
144 y 5 costales
2599,5
18
22-29
55
1593
4
8
192
24
24
-
1594
10
89
3169
35,6
24-60
43-64
Total
66
476
13.077
27,4
-
-

Ventas de Carbón en Escrituras públicas por Bartolomé Rodríguez.

Años
Carretadas
Reales
Precio
carretada
1587
35
220
55
1589
30
1440
48
1590
Todo (*)
-
55
1591
46
2530
55
Total
111
4190
-

(*) Todo el carbón  que hiciere o comprare.

La importancia del carbón y los capitales movilizados por un solo comerciante ofrecen un buen testimonio de la magnitud de este tráfico en el puerto de Lucena y en toda la rivera del Tinto, aunque no permiten vislumbrar toda su importancia, puesto que no recoge la totalidad del mismo por razón de las singulares características de la propia mercancía. Y es que, movilizar esta riqueza requería de una amplia logística y una sólida base de capital que no se encontraban al alcance de cualquiera, además de poseer los contactos locales y foráneos. En este periodo el carbón se negocia de cuatro maneras, todas ellas utilizadas por nuestro comerciante:

a)  Puesto debajo de verga: el carbón más caro, ya que el comprador no se ocupa de nada, ni de cargarlo, que corre por cuenta del carbonero. Los precios de este carbón rondan los 55 reales a la compra y los 70 a la venta, por lo que se negocia normalmente un adelanto de la mitad de la cuantía. El beneficio debió rondar según nuestras estimaciones entre un 20 y un 30 por ciento del total del precio.

b) Contado: El carbón más barato, los que no han concertado previamente compradores o les sobra acuden al vado de Marisuarez a la ventura y lo venden al precio que pueden o según la demanda. Obviamente no requiere escritura, y el segundo testamento de Rodríguez registra no menos de una decena de deudas de adelantos de este tipo sin escritura, que podrían ser muchas más puesto que, en algunos casos, sólo de consigna el capital sin especificar el origen.

c) Al pilé de olla: el carbonero busca la cepa y elabora los hornos, y el comprador adquiere el carbón terminado y es él quien se encarga del transporte, carga y vigilancia del mismo. Es la modalidad más habitual y su precio depende mucho del lugar donde se hace, ya que el valor de compra se sitúa entre los 2 y 2,5 ducados (22/27,5 reales) y lo que varía es el transporte. El precio de los fletes pagados de 13 carretadas y 13 costales desde los baldíos de Moguer, declarados en el segundo testamento de Bartolomé Rodríguez, osciló entre 10 y 15 reales carretada, a lo que habría que sumar algo menos de un real de carga y otro de  vigilancia, dependiendo de la cantidad de carbón depositada. El precio total de compra de esta modalidad debió rondar entre 34 y los 44 reales, lo que supone un beneficio de entre un 37 y un 50 por ciento. En el segundo testamento, de 1597, declara cuentas con nada menos que cuatro carreteros.

d) A jornal: El comprador adquiere la cepa y la entrega a un carbonero que “se alquila” para beneficiarla a un precio fijo de 24 reales. Es la modalidad más utilizada por Rodríguez que adquiere en 1592 en compañía de Juan de la Cruz, vecino de Moguer, 100 cargas en los montes baldíos de la villa de Moguer a precio de seis reales carretada. El beneficio en este caso debió ser algo menor, puesto que habría que sumar el precio de la cepa a los costes anteriores, de entre un 28 y un 40 por ciento del precio de venta, pero por el contrario, dada la escasez de cepa en los baldíos, el comerciante se asegura el suministro, que no es poco.

No tenemos constancia en este periodo hornos propios de Bartolomé Rodríguez, aunque alguno debió heredar se su suegro,  que declara varios en su testamento de 1587. La actividad inicial tras la muerte de este fue modesta, aunque podría estar encubierta, ya que la de su cuñado se solapa con la suya y con la del suegro, y no tenemos constancia de la disolución de la empresa familiar a pesar de los negocios propios de Hernando hasta 1590.
En 1589 las dos escrituras de concordia que hemos citado anteriormente sugieren el finiquito entre ambos cuñados, pero de nuevo en 1590 llegan a un acuerdo por el que Rodríguez entregará “todo el carbón que hiciere o comprare en un año, embarcado y escobonado”  a precio de 5 ducados (55 reales). Ese mismo año adquiere cepa en Moguer que otorga a varios vecinos de Lucena para cumplir el contrato. Las compras de Bartolomé ascienden, y a partir de este momento, duplican los contratos anteriores.
El acuerdo se rompe antes del año. En abril de 1591 ambos cuñados finiquitan la nueva sociedad con un saldo favorable a Hernando de 230 ducados, una pequeña fortuna de 2530 reales que Bartolomé se compromete a saldar en carbón con 46 carretadas pagadas a su costa en el vado al precio acordado anteriormente. Bartolomé no registra más contratos propios de venta, aunque traba relación y compra cepa con Juan de la Cruz y Cristóbal Díaz Rengel, vecinos de Moguer, y el segundo natural de Lucena, con los que mantiene cuentas aparte según el tráfico de carretas que declaran entre ellos.
Su actividad desciende de nuevo mucho entre 1593 y 1594 a pesar de la cepa comprada, lo que sólo podría ser explicado por enfermedad. El primer testamento, de mayo de 1594, lo corrobora, pero sigue declarando deudas a su favor de carbón y trigo, y de nuevo manifiesta:

“... que yo e tenido, e tengo, quentas y otros negocios con Hernando Rodríguez Camacho, mi cuñado, vezino deste lugar de Luçena, de carvón y otras cosas que le doi y e dado, y de dinero que el me a dado para ello, y por el mes de abril proximo pasado de este presente año de noventa y quatro, hezimos ambos nuestras quentas y me alcalçó el dicho Hernando Rodríguez Camacho por dos mill e quatrozientos reales de los quales le hize un conocimiento que está y estuvo en su poder.  E después de esto e recibido del susodicho Hernando Rodríguez Camacho cinquenta ducados que por su orden y mandamiento me dio Pedro de Anguiano, vezino de Guelva, de que di carta de pago al dicho Pedro de Anguiano, y más veinte ducados que cobré de Cristobal de Maia, vezino e regidor de la villa de San Juan del Puerto, y dello di carta de pago; y más catorze ducados que el dicho Hernando Rodríguez pagó a un vezino de Almonte en quenta de çierto carbón de caña de alcornoque.  E para en quenta de todo este dinero e embiado, e dado, al dicho Hernando Rodríguez Camacho veinte y un carretadas de carvón de medida, las seis, i seis costales de lana a presçio de a cinquenta y nueve reales cada uno, puestas en el río de Luçena, y las quinze carretadas más seis costales de carbón de humo a presçio de cinco ducados cada una puestas en el río, e lo demás restante le debo...”

Bartolomé Rodríguez no aparece a partir de 1594 en más contratos de carbón. En su primer testamento declara que tiene muchas “quentas de carvón con vezinos deste lugar, e de Roziana, y otras partes, de que me tienen muchos dellos escripturas otorgadas de obligazión;  digo que lo que me deben es lo que está escripto en un libro que tengo de quentas, lo qual esta escripto de mi letra y de letra de Esteban Rodríguez, clérigo....”.  En el mismo documento alude a un memorial de trigo escrito también por Esteban Rodríguez, para que lo cobren sus herederos.
Sobrevivió a estos primeros achaques y realizó un segundo testamento en 1597 donde declaró deudas a su favor de 41 vecinos de Lucena, Valverde y Rociana por valor de  131 carretadas y mucho dinero en metálico. Tenía en el embarcadero tres carretadas de Carbón para cargar. No nos constan, en ninguno de los documentos manejados contratos de trigo, cebada, lana, o vino que debían hacerse de contado.
Al menos uno de sus hijos, tuvo dos con Isabel, Diego y Felipe, siguió en el negocio a  partir de 1610. Era conocido como su abuelo paterno, Felipe Santos, y nacido en 1589 por lo que se inicia como tratante a la edad de 21 años.



jueves, 10 de noviembre de 2016

Miguel de Cervantes en un documento inédito de 1593 en las escrituras de Lucena del Puerto del Archivo de Protocolos Notariales de Moguer.

Son conocidas las andanzas andaluzas de Miguel de Cervantes como recaudador de impuestos desde 1587 a las órdenes primero de Antonio de Guevara, y después de Miguel de Oviedo. En este cometido, de la mano de este último, recibió la encomienda de recaudar 30.000 fanegas de trigo en la jurisdicción de la ciudad de Sevilla y doce leguas a la redonda que incluían las villas de Villalba del Alcor, Bollullos, Paterna, Escacena, Hinojos, Almonte, La Palma, Manzanilla, Beas y la tierra de Niebla.
Una de las citas de Cervantes en el documento citado
El cupo del Condado, según José Luis Gozálvez Escobar, se concretó en 600 fanegas que fueron repartidas entre Villarrasa, Bonares, Lucena, Rociana, Valverde, Calañas, Villanueva de las Cruces, Santa Bárbara, Cabezas Rubias y Niebla. Forman parte de esta partida las 24 fanegas de trigo limpio sin mezcla que se recaudan en Lucena del Puerto, cuyo texto íntegro transcribimos a continuación:

“Sepan quantos esta carta vieren como nos, Gonçalo Hernández, Alcalde, y Bartolomé Rodríguez, y Gonzalo Roldán, regidores, Consejo, Justisia e Regimyento deste lugar de Luçena del Puerto, estando ayuntados, otorgamos y conosemos por esta carta que nos obligamos de dar y entregar, y daremos y entregaremos al Rey, nuestro señor, e a Myguel de Obiedo, provedor de las galeras de España, y beedor, y contador de las provisiones del Andalucía, y a Myguel de Serbantes, en su nombre, o a la persona que en nombre de su Magestad lo aya de aber, es a saber, veynte y quatro fanegas de trigo puro sin sebada ny otra nenguna semilla, bueno de dar e resibir en cámaras eneste dicho lugar, a nuestra costa, para la provisión de las galeras de España, de oy día de la fecha desta, en dose días primeros siguientes. Las quales dichas veynte y quatro fanegas de trigo entregaremos luego que se paguen, a rasón de a catorse reales cada una fanega, que es la tasa que el Rey, nuestro señor, manda se pague conforme a la Real Plematica (sic). Y si al dicho plaso no entregáremos las dichas veynte y quatro fanegas de trigo y por ellas se detubiere la persona o personas que binyeren con el dinero para la paga del, por cada un día que se detubiere, pagaremos dose reales de salario a la tal persona por cada uno de los dichos días. Y pueda complar las dichas veynte y quatro fanegas de trigo en las partes y lugares donde la hallare, y al presio, o presios, que le paresiere, y por lo que más costaren de los dichos catorse reales, apremyarnos como por mandato y a boz de su Magestad. Y para que así lo complaremos y pagasemos, ogligamos nuestras personas y bienes habidos y por haber, y damos poder para la ejecusión dello a las justisias del Rey, Nuestro Señor, de qualesquier partes que sean, espesial y señaladamente nos sometemos al dicho poveedor Myguel de Obiedo y Myguel de Serbantes, para que ellos nos apremyen a la paga e complymiento de lo contenydo enesta escritura. E renunsiamos nuestro propio fuero, jurisdisión e domesilio, e bensindad, e las leyes e combenyos de jurisdisión en onnion júdicum, e la nueba plematica que habla sobre las somysiones como en ellas se contienen, para que por todo rigor de derecho nos compelan y apremyen a la paga (del- Tachado-) y complimiento de lo dicho es, como por sentensia defenytiba de jues competente, pasada en cosa jusgada, serca de lo qual, renunsiamos las leyes, fueros y derechos de nuetrso fabor i la ley y regla del derecho que dise que general renunsiasión de leyes fecha, non bala. Fecha la carta en el lugar de Lucena en veynte y ocho días del mes de julio de myll quinyentos y noventa y tres años, y los dichos otorgantes, que yo el escribano de yuso escrito doy fe que conosco, lo firmaron. Testigos Hernando Rodríguez Camacho, y Diego Alonso Barriga, y Felipe Hernández, vezinos deste lugar de Lucena. Va tachado del, e no vala”

Rubricas de Gonzalo Hernández, Bartolomé Rodríguez y Gonzalo Roldán
Ante Pedro Martín Escribano público.
Sin derechos, y por verdad que no llevé derechos ningunos desta escriptura pública, lo firmé Pedro Martín.

Por otros ejemplos similares, sabemos que los documentos de recaudación se asentaban en las Actas Capitulares de los municipios para dar fe de su cumplimiento. Este es el caso del único documento rubricado por Cervantes que ha llegado hasta nosotros, conservado en el archivo Histórico de la Palma del Condado en un acta capitular de julio de 1593. En Lucena del Puerto no se han conservado actas de esta fecha, las más cercanas son de 1596, pero el persistente déficit de trigo de la comarca, y la época, se han aliado con nosotros para transmitirnos el testimonio fehaciente de la visita del autor del Quijote.
En efecto, la protocolización del acuerdo de recaudación, que es un documento de obligación de pago, está motivada por la ausencia de trigo para entregar, lo que obliga a buscarlo al precio de la tasa, donde se hallare, y motiva que los regidores avalen con sus personas y bienes el pago en el plazo de 12 días. Este es el sentido del documento, y su explicación, y como tal, es firmado y avalado en presencia de testigos por dos regidores y uno de los Alcaldes Ordinarios, probablemente los que se hallaron presentes, y tal vez, sin requerir presencia física ni concurso del recaudador, puesto que quedan obligados por su firma.
En este sentido hemos de matizar que, en nuestro caso, que no es el mismo que el de la campiña onubense, no nos consta que fueran años especialmente malos según las series parroquiales, aunque hemos de reconocer la gran carencia de documentación de este periodo. El déficit de cereales del Condado meridional es estructural, cubierto en parte por la importación de grano ultramarino en los puertos fluviales, en parte por las importaciones de la campiña próxima de San Juan del Puerto, Beas o Trigueros. La falta de trigos es pues lo habitual, aún en fechas tan próximas a la cosecha como las que nos ocupan, y no parece que hubo mayores problemas para la recaudación, apenas unos meses después, en diciembre, de otras 24 fanegas de trigo  y 12 de cebada para la armada de la guarda de las Indias que recauda el proveedor Cristóbal de Barros, con el que Cervantes aparece también relacionado, aunque no está entre los otorgantes de este último documento.
Según el historiador José Cabello Núñez, en varios documentos hasta hace poco inéditos del Archivo General de Indias, Barros faculta a Cervantes para sacar 5000 fanegas de trigo, 500 de cebada, 400 de garbanzos, 400 de habas y 300 quintales de queso para el abastecimiento de la armada de Indias. Cabello aporta además el dato que entre febrero y abril de 1593 nuestro autor se ocupó de recaudar una parte de ellas en la campiña sevillana y Cádiz, en concreto en Osuna, Morón, Villamartín, Arahal, Carmona y otras poblaciones.
En este segundo documento, insistimos en el que no aparece citado Cervantes, Bartolomé Díaz, Alcalde Ordinario, se constituye en depositario del grano recaudado “oi dicho día” (11-12-1593) por Gregorio Muñoz de Medrano y Diego de Valcarcel (sic), también comisionados como el mismo Cervantes. La razón de que no aparezca en este segundo documento, parece ser, la muerte de su padre en Octubre, aunque todavía desempeñó encargos para Miguel de Oviedo en 1594, y es posible que pudiera aparecer en alguna otra documentación de archivo.
De los 15 legajos originales conocidos que, siguiendo al historiador y amigo José Luis Gozálvez existían en la provincia de Huelva, sólo quedaban 6 piezas en 1950, según certificaba entonces la revista Astrana Marín, que cita a las localidades de Villalba del Alcor, Bollullos y La Palma del Condado como sus depositarias. A día de hoy sólo el archivo Histórico de la Palma del Condado posee este tesoro entre sus Actas Capitulares, en concreto en la sesión de 25 de julio de 1593, tres días antes de nuestro documento, y con los mismos intervinientes. Este documento cuenta con la única firma original de Miguel de Cervantes que se conserva en los archivos onubenses por el momento. Desde hoy, contamos con otro manuscrito que añadir a nuestro rico patrimonio con el que manifestar, como no, que Cervantes estuvo aquí, y dejó su huella. 



sábado, 5 de noviembre de 2016

El bordado de Miguel de Peñaranda

El 13 de septiembre de 1592 Antón Martín Hilazo, mayordomo de la fábrica de la Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir, y Alcalde Ordinario de la localidad, otorga carta de obligación por 24 ducados (264 reales) a Juan Pérez, bordador, vecino de ciudad de Sevilla en la collación de Santa Cruz, por razón de,

dos asanefas vordadas sin oro de razo cortado carmesí e un capillo e petoral (razo qual que están asentadas, -entre líneas-) que Myguel de Peñaaranda, vordador, vezino de Sevilla, hizo para una capa para la dicha iglesia deste lugar de Luçena. Las quales dichas dos asanefas, capillo e petoral me dio y entregó a mí, el dicho Antón Martín, mayordomo, el dicho Juan Pérez, e yo las recibí por virtud de un mandamiento del Provisor de la Sata Iglesia de Sevilla, su fecha del dicho mandamiento a quatro deste presente mes de septiembre deste presente año de la fecha desta carta.....”

Imagen de bordado de la época
Miguel de Peñaranda era uno de los maestros bordadores “más sobresalientes y destacados de la Sevilla de fines del siglo XVI” (Santos Márquez, 2009-2010), hijo del segundo interviniente, Juan Pérez, alguacil de Villanueva de Barcarrota (Badajoz), y hermano de Francisco de Peñaranda, también bordador y comerciante de paños (Rodríguez-Moñigo, 1945). Tenemos al menos una referencia  documental más de sus trabajos en un encargo que hizo para la iglesia de parroquial de San Sebastián de Cañete (Málaga) en 1597, por los trabajos del ya citado Santos Márquez, en este caso, para la confección de un velo bordado en seda y oro para un paño de difuntos de terciopelo negro, que desgraciadamente no se ha conservado.
En nuestro caso, tampoco conocemos si su trabajo se ha conservado en nuestra parroquia. Las capas y los capillos se perdieron todos, pero no sería extraño que algunas de sus partes, si eran de calidad, fueran reaprovechadas y el pectoral podría encontrarse entre los que han sobrevivido.

En el inventario de 1730 se citan varias capas de damasco rojo y blanco, con sus cenefas en colorado, una de las cuales “fallezió y de lo que ubo bueno se iso un frontal para el manto”; de otra morada se sacó un paño para el púlpito, según nota de 1781. En el mismo documento se describen tres cenefas sueltas para el adorno de los monumentos y numerosos corporales que podrían contener cualquiera de estos elementos. La investigación dirá en el futuro, y dado que no somos especialistas en una materia que desconocemos absolutamente, la posible búsqueda de estos elementos la dejamos para mejores plumas.

domingo, 23 de octubre de 2016

El catastrófico año de 1708.

Tenemos constancia a través de las fuentes locales de huracanes, nevadas, terremotos y catástrofes varias, pero de ninguna de ellas poseemos relatos de primera mano como el que nos ofrece uno de los libros de bautismo de la parroquia de mano de Fray Bartolomé de Santa María, al que hemos aludido en numerosas ocasiones. No es el único testimonio al respecto, tanto a nivel general, como local, y aprovecho una petición que se me ha hecho para rescatarlo en esta entrada.
 
Paisaje inundado
“Anno de 1.708.

En el nombre del Pa(dre) e del Fijo e del Espíritu Santo que son tres personas distintas y un sólo Dios verdadero, (y de la Virgen María), mi Madre, y de mi Padre San Jerónimo. Doy noticia eneste libro de bautismo a los siglos venideros de las afliciones y cosas memorables que los hijos de Adán an experimentado enestos miserables tiempos, y principalmente nuestra España, a quién justisimamente castiga la Magestad Divina por los muchos pecados que contra un Dios tan bueno cometemos. Para que nuestros sucesores escarmienten en nuestras cabezas, i viban ajustadamente  pidiendo a Dios perdón de sus culpas y pecados, tomando por medio a su santísima Madre, por medio de su Santísimo Rosario, pues por esta santísima devoción y interçesión de tal señora, no está ia el mundo acabado y España llena de Herejes; porq(ué) lo dixeron los demonios por voca de un endemoniado. Prosigo las calamidades deste presente anno de mil setecientos y ocho que es como se siguen:
Fay Bartolomé de Santa María, cura de esta iglesia del sennor san Vicente Mártir, deste lugar de Lucena del Puerto, monge profeso de Nuestra Sennora de la Luz del Horden de San Gerónimo, predicador y notario apostólico, hago saber a los futuros siglos que reinando en las Iglesia nuestro muy Santo Padre Clemente Duodécimo. En el Imperio Joseph Ignacio de Austria, en España el constante y Católico rey Fhelipo Quinto. En Francia el Christianísimo rey Luis Quarto Décimo. Arçobispo de Toledo, Primado de las Españas, el eminentísimo Don Luis Portocarrero y en Sevilla el Excelentísimo sennor don Manuel de Arias. Duque de Medina Sidonia en excelentísimo sennor don Juan Pérez de Guzmán El Bueno y muchas veces bueno caballeriso maior de Su Magestad. Estando toda Europa y Chistiandad metida en sangrientas guerras i procurando los herejes faborecidos de su Reina Ana, Reina de Inglaterra, suberter la Católica Religión, a quien en tan miserables tiempos faborece la Divina Magestad visiblemente, sin dexar por eso de castigarnos. Verificándose en tan soberana Magestad, lo del Padre y (Espíritu Santo) a sido servido de afligirnos eneste precente anno, demás de las guerras referidas, con tanta abundancia de aguas quales en el párrafo siguiente declara mi pluma.
Desde el segundo día de Pascua de Navidad del anno de 1.707 comensó a toldarse el cielo con nubes negras. Comenzaron las lluvias con tanta abundancia que fueron pocas las horas que los sublunares y habitadores de la tierra gosaron del Sol, padre de los vivientes, i cuentoló por horas porque los días fueron tan tristes y lluviosos que las gentes andaban espaboridas i los pobres tan sin remedio que desfallesían de hambre.
Aviendo salido de madre el río Tinto nueve vezes, con tanta abundancia que llegaron las aguas en la vega hasta donde los hombres de ochenta annos no avían visto llegar,  (las aguas Cre)cían tan alta(s) (que) llegaron a rebosar los poços, y en muchas casas se hicieron fuertes, dándole a las aguas egreso a las calles i saliendo de ellas como arroyos, con mucha pérdida de casas del dicho lugar.
En lo restante de las Andalucías sucedió lo mismo, i con más pérdidas, así de huracanes como inundaciones de ríos. En la ciudad de Sevilla llegó el rio Guadalquivir hasta adonde hasta este anno nunca avi(a) llegado, y fué tal la inundación de sus aguas que se embarcaban en la cuesta de Castillexa, y en el lugar del Algaba murieron muchas personas ahogadas.
La destrucción de arboledas y olivares a causa de los muchos aires fue(ron) muchas, i las pérdidas fueron de mucha entidad. En el mar se perdieron muchas envarcaciones sin poder los pobres navegantes escapar con la vida, demás de la pérdida de sus haciendas, pues todas las costas de mor la Torre del Oro y la Higuera se vían (sic) pobladas de cuerpos muertos, de votas de vino, aguardiente, mistelas, vacalao, tabacos, tozinos y destrozos, con tanta abundancia qual nunca se avía visto. Los trigos anegados, los pobres sin tener donde ganar un jornal, las casas caídas, pues en Sevilla, con las que mandaron derribar i las que derribaron las aguas, pasan de cuatro mil y quinientas casas con algunos templos y iglesias.
Y con esto las guerras más vibas y los pobres más afligidos, y los pechos más continuados, pues deje que murió nuestro santo y piadoso monarca Carlos segundo hasta el anno de mil setecientos y ocho, viendo muerto el de setecientos en dos de Diciembre (en realidad murió el 1 de noviembre) se vé España an (sic) las maiores tribulaciones quales no cuentan las historias. Dios les de mejores tiempos a nuestros sucesores, i que sepan con sus vidas mitigar la Divina Justicia que es la fuente de donde nos vienen tantas afliciones.
Las demás particularidades de estos tiempos, acasos y guerras, lo dexo a mejores plumas, como son las ignominias que los herejes de Inglaterra hicieron con las imágenes en el Puerto, en Valencia y Zaragoza. Los muchos trabajos que padeció el Condado de Niebla después que el Excelentísimo Sennor Duque de Osuna ganó Aserpa y Mora (Serpa y Moura), contento con referir por encima estas cosas. I por verdad, lo firmé, en Lucena del Puerto en diez y siete días del mes de Marzo desde preçente anno de mil setecientos y ocho.

                                                                       Fray Bartolomé de Santa María.

(Al borde del documento, con posterioridad a la anotación reitera el párroco )
"Fueron tantas las aguas, que el poso que está dentro de la yglisia cresió hasta los ladrillos del vrocal, que llegó a tanto estromo (sic) que se tocaban las aguas con un palo de vara y media, o con una muleta, que el día que no llovía no se augmentaba el agua más se estaba en sucer, y el río que llaman Tinto, que es que pasa por el vado, salió de madre 13 veses, cosa que ninguno de los nasidos vieron en aquellos annos ni se olló desir a los ansianos".

Conocemos por las crónicas sevillanas que en esta capital se arruinaron más de 500 casas y se abrieron dos calles de por medio, como si de un río se tratara. El río Guadalquivir, entre diciembre de 1707 y junio de 1708, se desbordó catorce veces, alcanzando niveles nunca conocidos hasta ese momento. El invierno de 1709 fue especialmente frío y la cosecha se retrasó en exceso. Y ya sabemos que significa esto en el Antiguo Régimen.
Las 22 defunciones de 1708 y las 29 de 1709 solo son de adultos, con muy pocos párvulos, lo que implica que casi con toda seguridad los muertos se duplicaron o triplicaron. En el vecino lugar de Bonares alcanzaron el número de 52 y 40 respectivamente, sin defectos de registro y con una población sólo algo mayor que la de nuestro municipio en este periodo.
No es difícil imaginar las consecuencias de este temporal en las pequeñas casas de barro y adobe, sin suelo, que caracterizaban a la localidad. Lluvias y vientos provocaron la ruina, “con mucha pérdida de casas”, a lo que debieron añadirse caminos y calles intransitables, barrizales convertidos en arroyos que impedían aun varios días después, acudir a los jornales. La cosecha se daba ya por perdida en marzo, aunque ya desde principios de año el Gobernador del Condado había prohibido la saca de trigo en toda la comarca en previsión de lo que habría de suceder. Después los municipios acuden  al socorro público con el trigo de los pósitos, la requisa de particulares y el trigo de la iglesia, y los intentos de compra de la mar que no debieron ser muy fructíferos. Y por si la situación no fuera lo bastante dramática, en el mismo mes de marzo tenemos constancia de  partidas de caballería recorriendo las poblaciones comarcanas y requisando todo lo que  encontraban para el suministro de la frontera.
Pero no acabaron aquí las cosas. Los ingleses se situaron en el Golfo de Cádiz con su flota impidiendo el tránsito de mercancías y presionando sobre las poblaciones de toda esta zona, especialmente la ciudad de Cádiz. Los portugueses alcanzaron en julio de 1708 la villa de Gibraleón con 9000 infantes y 3000 soldados de caballería, y desde allí, las proximidades de Beas y San Juan del Puerto, lo que provocó un pánico generalizado en la comarca y el abandono de las haciendas en busca de las murallas de Niebla. Ganados y enseres se pusieron a salvo, pero no así las maltrechas cosechas. No tenemos constancia de la llegada de enemigos a nuestra localidad y afortunadamente los portugueses no tardaron en replegarse hasta la Puebla de Guzmán y cruzaron de nuevo la frontera.
En 1710, un testimonio de vecindario calle hita, es decir casa por casa, deja pocas dudas de la situación:

“.... en cuanto al cumplimiento de lo que su excelencia manda, este cabildo y pueblo fuera muy afortunado en tener para la tan buena y precisa ayuda de Nuestro Rey y Soberano, que Dios nos guarde y conserve felices años en esta su monarchia, hay grande poblasión y de lo mas que su fina a dicho desea para este servicio, pero es muy notoria su cortedad y suma pobreza de sus vezindarios, no pasan de sinquenta y quatro, de los quales están hoy , en actual, sirviendo en las tropas de su Magestad, an de a caballo comod e infantería doze vecinos”.


Este número de vecinos implica una población de apenas 221 habitantes, el más bajo de toda la modernidad  (siglos XVI-XVIII).

viernes, 21 de octubre de 2016

Las visitas de la Virgen de Fátima.

Dos han sido las ocasiones en que nos ha visitado la imagen de Fátima, un acontecimiento de primera magnitud para su época que congregó a numerosos visitantes del entorno, según se observa en las fotografías de época.
Plano general procesión de 1951
La primera de las visitas tuvo lugar el 18 de febrero de 1951 y fue preparada a conciencia. La noticia se recibió a finales de enero, recogiendo la sesión de pleno de 31 los primeros preparativos y acordando por unanimidad “salga a recibirla el  Ayuntamiento pleno, estimulando al vecindario para que coopere para que revista el mayor esplendor su recibimiento, y a quién se le tributarán los máximos honores, a cuyo efecto se le nombra Alcaldesa honoraria de esta localidad”. La sesión extraordinaria de 14 de febrero, cuya acta reproducimos en la fotografía, se dedica a los honores que se tributan a la Sagrada Imagen:

Primero: Consagrar este pueblo al Purísimo  Corazón de María y dar carácter oficial a su visita, declarando festivo dicho día para conmemorar solemnemente tan fausto acontecimiento.
Segundo: invitar al vecindario para que con su mayor fervor y cariño, sea recibida la Reina de los Cielos e interceda por el orden, moralidad de las costumbres, fiel cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, pacifique nuestros corazones y cristianice nuestras familias”.

Este segundo acuerdo es casi calcado al que adoptó el Pleno Huelva, donde a la sazón era Alcalde D. Pedro Pérez de Guzmán, “Pedro el Almirante”, como era conocido aquí, por ser  uno de los propietarios de la Hacienda de la Luz, nacido en Huelva, pero criado en ella, con el que el municipio mantenía algunas relaciones que años atrás no habían sido muy cordiales por las filiaciones políticas familiares, que no las personales. Tal vez por ello la visita de este año alcanzó a La Palma del Condado, Lucena del Puerto y Huelva, creemos además que en ese orden, porque la Virgen llegó desde Sevilla (ABC) y visitó nuestra localidad antes que Huelva, que la recibió el día 20 de Febrero (Odiel).
Recibida por las autoridades locales con el Alcalde D. Diego García Gómez al frente,  y trasladada a la parroquia, la virgen recorrió las calles de la localidad el 18, engalanadas para la ocasión con banderas, arcos y flores. El 19, según podemos cuadrar con las fechas, permaneció en la localidad, y el 20 se trasladó a Huelva, siendo recibida por las autoridades en el hotel colón a las 18 horas.

Alcalde D. Diego García en la visita de 1951.
En 1957 la segunda visita tuvo idénticos planteamientos. En esta ocasión la corporación municipal sólo tuvo que ratificar los acuerdos de 1951 y declarar festivo el día 29 de Noviembre, fecha exacta de la venida, con la correspondiente procesión, adorno de las calles, para cuyo caso consignó el municipio 1000 pesetas, misa y consagración. No poseemos fotografías de este acontecimiento pese a lo avanzado de las fechas, pero sabemos que fue esperada y recibida en el cruce de San Juan del Puerto y trasladada en hombros a la localidad por numeroso público que se congregó en este punto y a lo largo de recorrido.
Esta segunda visita tuvo lugar en el marco de la llamada Cruzada Cordimariana cuyo objetivo, con el beneplácito del papa Pio XII, era extender la devoción al Corazón Doloroso e Inmaculado de María según la petición que hizo la Virgen de Fátima. El acta de Pleno previo a la visita recoge este hecho aunque de manera muy sutil al aludir a la certificación de los “los actos de consagración y lectura y entrega de testimonios de la presente acta, en la forma prevista en las instrucciones enviadas al respecto”.  La cruzada comenzó el 23 de noviembre de octubre en Ayamonte y finalizó el 8 de Diciembre, la Inmaculada, en Huelva, donde se celebró el acto solemne de final de la Cruzada con la lectura de las adhesiones.

 
Acta de 14 de febrero de 1951

domingo, 16 de octubre de 2016

La nao Nuestra Señora de la Luz

El 15 de mayo de 1582 Juana Domínguez, viuda de Lorenzo Martín Gavilán otorga poder a Andrés Ochoa y a Baltasar Fuertes para que en su nombre puedan demandar a cualquier persona,

Grabado de la vao Victoria
 “en cuyo poder estuviere una nao de alto bordo con todos sus aparejos y fletes, que es mya y me pertenese, por fin y muerte del dicho mi marido, y se me an alsado con ella, que a por nombre la dicha nao Nuestra señora de La luz, la qual, Francisco Duarte, fator de su Magestad de la Contratasión de Sevilla, la tomó y embargó para llevar bastimentos a la ciudad de Oran y Alicante y a otras partes, y no parese, y resibiendo los fletes, podáis dar y otorgan vuestra carta, y cartas de pago y resibo, las quales valgan y sean firmes, bastantes y valederas....”

Las naos son barcos de elevado altobordo, tres mástiles con vela cuadrada y castillos en popa y proa, ideales para el desplazamiento de grandes tonelajes y la carrera de Indias, cuyos navíos más famosos fueron la Santa María de Colón y la nao Victoria de Fernando de Magallanes. La nao Virgen de la Luz tuvo, obviamente, este destino, no sólo por la referencia a la Casa de Contratación, puerta de salida y entrada de todo lo que venía de América, sino porque su propietario es un viejo conocido al cual hemos citado por el apellido familiar Gavilán y que en realidad es Martín Borrero.
Y ya con estas referencias, la cuestión cambia. No nos consta el matrimonio entre Lorenzo y Juana, anterior a nuestros registros parroquiales, pero entre 1541 y 1554 nuestro archivo constata cuatro nacimientos, Isabel (1541), María (1543), Leonor (1546) y Blas (1554) que no debieron sobrevivir. Sus hijas menores, Juana Martín y Ana González, debieron nacer fuera de nuestra localidad entre 1557 y 1568, según el poder que en su nombre otorga su madre para reclamar la herencia, y probablemente por ello no poseemos más referencias hasta la década de los ochenta, cuando la familia retorna tras la muerte del padre. En realidad tenemos más referencias del barco, cuyo singular nombre nos ha permitido rastrearlo en la documentación de Indias.
Una real cédula de 31 de marzo de 1576 autoriza a Diego de Franquiz, vecino de Sevilla, a enviar a su nao Nuestra Señora de la Luz a Nueva España con mercancía propia. En el registro de venidas de naves sueltas de Santo Domingo de 1575 consta a cargo del Maestre Gaspar Díaz, y en tres ocasiones más aparece en el registro de Puerto Rico y Santo Domingo, aunque en fechas  muy posteriores.
Es en estas fechas, entre 1575 y 1580 cuando nuestro protagonista recaba en La Habana, donde traba amistad con el Capitán de infantería Francisco de Rojas, al que presta 50 ducados. Regresado, o no, a España, una carta fechada en Sevilla el 2 de Enero de 1580, localiza de nuevo el barco en Gibraltar, aunque no prueba la venida a España de su propietario. La carta esta rubricada por Luis de Carvajal de la Cueva, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de León de las Indias en Nueva España (México) antes de la partida para América,  y en ella afirma actuar mediante poder,

“.... en nombre de Lorenzo Martín, de la Habana, señor del navío, Dios salve, nombrado Nuestra Señora de la Luz, que está surto en Gibraltar, y en virtud del poder que de él tengo, que sustituyo el dicho poder y lo doy, como yo solo tengo, al señor Hernán Benítez de Hinojosa, vecino de la dicha ciudad de Gibraltar, y a Mendo Rodríguez, portugués, maestre del dicho navío. . . .. Y es mi voluntad que el dicho Mendo Rodríguez sea maestre del dicho navío (manuscrito manchado) lo rige y administre hasta traerlo a ..... esta ciudad y usar y use del dicho maestraje ...... conforme al dicho poder. . . .”
(Temkin, Samuel: La urca de Carvajal y sus pasajeros. Revista de Humanidades, Tecnológico de Monterrey, núm. 31-32, 2011, pp. 181-210)

Para Samuel Temkin, según se desprende del documento anterior, Carvajal solo tenía poder para el uso de la nave y su mercancía y lo traspasa a Benítez y a Mendo Rodríguez para que hicieran de la nave lo que quisiesen. Por consiguiente, la nave fue otorgada, y posteriormente embargada por la casa de Contratación, para su propio servicio. Y debió ser sobre estas fechas cuando muere Lorenzo Martín probablemente en la Habana, puesto que allí lo avecina un poder que otorga su hija Juana y su nieta Francisca Díaz Neta para el cobro de los 50 ducados de deuda del capitán Rojas (21-01-1610) y el propio expediente de Bienes de Difuntos de la casa de Contratación que posee la misma fecha.
Poco más podemos añadir. Aunque nos consta que participó en el comercio con Portugal, y no cumplió algún encargo relacionado con la compra de esclavos, que pudo ser ocasional, las actividades del armador Lorenzo Martín Gavilán nos son desconocidas y parecen extraordinarias, a tenor de lo publicado y conocido, aunque los indicios apuntan en otra dirección. El comercio de carbón en la segunda mitad del siglo XVI y a lo largo del siglo XVII parece que abrió muchas puertas, y aprovechó las tradicionales rutas a Cádiz para buscarse nuevos horizontes. Las relaciones con las poblaciones litorales del golfo de Cádiz fueron muy intensas durante estos años, más incluso que con la gran urbe Sevillana,  actuando esta zona como intermediadora de productos atlánticos y portugueses (bacalao, madera, telas, pescado, esclavos.....), además del carbón, la sardina y los productos agrarios. Aunque insistimos que aún se trata de indicios, donde es posible rastrearlos, la buena coyuntura comercial encumbró a algunos tratantes locales, ya sea como factores o con capital propio, que son los que nos indican el camino.
Las limitaciones económicas del mundo rural y la falta de especialización comercial de los tratantes, excepto en el carbón, enmascaran bajo la forma de diversas utilidades y las ventas de contado, que se registran en los testamentos o en libros de contaduría, la importancia  de este comercio. Lorenzo Martín no es el único testimonio que poseemos en nuestro municipio ni de armador, ni de comerciante en este periodo. Lo realmente singular es el navío que paseó el nombre de nuestra patrona por todos los confines conocidos.
La familia Gavilán no tuvo descendencia masculina que siguiera la actividad. Las dos hijas que le sobrevivieron casaron en nuestra localidad. Por la escritura de poder para reclamar la herencia sabemos que  Juana se casó con Lázaro García o Díaz, y localizamos su fincha de nacimiento en 1589. Por ella sabemos que tuvo 7 hijos, dos de los cuales recibieron el nombre de Lorenzo.

De su hermana Ana poseemos la carta de dote valorada en 106.676 maravedíes (3.137,5 reales), una cantidad importante que incluye trigo y cebada en grano, y ganado, un borrico, dos bueyes, dos bacas domadas y un novillo que suelen ser los bienes que caracterizan a la clase poderosas local y los que determinan la sucesión en las sociedades campesinas y no solo la herencia. Es casi seguro que en la fecha de la carta, 1584, todavía no había recibido la herencia paterna reclamada, o al menos no nos consta. Hasta 1610 su hermana Juana y una nieta llamada Francisca, no sabemos de cuál de las hermanas, no reciben la herencia de los 50 ducados (550 reales) de la deuda del Capitán Rojas.