viernes, 29 de julio de 2016

El Nombramiento de Alcaide del castillo del Bosque

A pesar de las dudas y del desconocimiento general que poseemos sobre el tema que nos ocupa, es incuestionable la existencia de la fortaleza de El Bosque y su localización en las tierras de su excelencia, la heredad y Bosque de Millares. Las referencias son escasas a pesar de que la primera mención se encuentra en las ordenanzas de 1504 respecto al pago de impuestos para su mantenimiento: 

“4. Otrosí, porque es menester para las dichas fortalezas y sus reparos cal y teja y ladrillo, mando que todo el diezmo que oviere en toda mi tierra sea para las dichas fortalezas. Combiene a saber, cada lugar que tubiere fortaleza sea el dicho diezmo para ella, e el lugar que no tubiere fortaleza, sea el dicho diezmo para la más sercana fortaleza que del tal lugar oviere. Conviene a saber, en la manera siguiente: a la fortaleza de Niebla ha de dar diezmo Almonte y Bollullos y Rociana e Veas y Valverde e Lucena y Bonares para el Bosque. Villarrasa para sí. Trigueros a su misma fortaleza......”

Conocemos también varios nombramientos de Alcaides, muy posteriores a esta primera época, y las referencias a su catalogación como Bien del Interés Cultural. Nada se añade de la existencia de la fortaleza en las descripciones que se hacen de la finca en los contratos de compra originales, ni en los contratos de arrendamientos de la heredad posteriores, ni tenemos referencias en los gastos de la casa ducal a su mantenimiento.
Tampoco conocemos, ni parece probable, la existencia previa de alguna construcción militar anterior a la adquisición de la heredad en 1488 por el duque Enrique, IV Conde de Niebla, y el último de sus moradores, a pesar de la constatación de algunas torres próximas. La única hipótesis que podemos manejar al respecto, sin ningún tipo de refrendo documental más allá de la alusión de las ordenanzas, es que la fortaleza fuese construida, remozada o reutilizada por este duque a fines del siglo XV cuando fue reconstruido el castillo de Niebla y adquirida la propia heredad.
La localización de la estructura sobre una loma desde la que se domina ampliamente el embarcadero relaciona la atalaya con el río Tinto y tal vez la piratería, como el castillo  de San Fernando de Moguer, el de Palos o las torres almenaras de la costa. Perdida esta función a lo largo del siglo XVI, la escasa información aportada por los nombramientos de alcaides, nos hizo suponer incluso un cierto carácter honorífico del cargo y la ruina del bastión, del que suponíamos habría demolido y reutilizado en las nuevas funciones de la casa grande del Bosque.
El nombramiento del Alcaide del Capitán don Juan Pinto Domonte viene a contradecir todos estos datos y aporta luz en un nuevo contexto de necesidades militares:

“En el lugar de Lusena del Puerto en onse días del mes de mayo de mil y seis y sinquenta y un años, el Capitán don Juan Pinto Domonte, natural y vecino  de la villa de Almonte, en presencia de don Gabriel Domonte y Montoya, vecino della, por ante  mi Pedro García, escribano público y del cavildo de dicho lugar, dixo que como consta de una provisión que resivió firmada del Excmo. Don Gaspar Alonso Pérez de Guzmán El Bueno, noveno duque de Medina Sidonia, y quinceno Conde de Niebla, de las sinco villas, de Huelva y su tierra y partido, Gentil Hombre de la Cámara de su Magestad, y sellada con el sello de sus armas, y refrendada de don Cipriano de la Queva y Aldana, Caballero de la orden de Calatrava, su secretario, su firma en Valladolid a veinte y uno de abril deste año. Su excelencia le hizo merced de nombrarle por Alcayde del castillo de este lugar, con voz y voto en su cavildo, y otras preminensias concedidas en la dicha provisión y título, y porque en ella se manda, que aviendo hecho juramento y hecho omenaje, según que se acostumbra, se le entreguen las llaves, peltrechos y municiones del dicho castillo. Y para que lo referido tenga efecto, lo quiere hacer poniéndolo en efecto estando delante del dicho don Gabriel Domonte, hincada una rodilla en el suelo, y teniendo las manos una junta con otra, las puso entre las manos del dicho don Gabriel Domonte, caballero hijodalgo, y dijo que hasía juramento y prestó homenaje, una, dos y tres veces según fuero de España como Caballero Hijodalgo de tener y que terna la dicha fortaleza para su excelencia el dicho Duque mi señor, y como su alcayde  la guardará y defenderá, assi en guerra como en pas, en servisio de su Magestad el rrey, nuestro señor, y la entregará y la volverá a su excelensia y a quién le fuere mandado y se recoxera en ella, y no la retendrá socor(r)os de gastos, ni provisiones, ni vestimentos que en ella y para ella obieran fecho, ni por otra causa alguna y pondrá y tendrá en ella toda la custodia y cuidado que debe poner y tener un bueno y leal caballero alcayde, so pena de traysión y alebosía, y de las otras penas establesidas contra los alcaydes que quebrantan su fee y pleito, homenaje y la fidelidad debida a sus reyes y superiores naturales. Y  lo firmaron de sus nombres los dichos don Gabriel y don Juan Pinto, a quién doy fe como yo el escribano y el dicho don Juan Pinto lo pidió por testimonio, siendo testigos  Juan Ruiz Bar(r)ientos, Familiar del Santo Ofisio, escribano de cabildo y público de la villa de Almonte, y Joseph Ximénez, escribano de Cabildo y Público de la villa de Trigueros y el capitán Juan del Alamo, regidor, y el Licenciado Francisco Juan de Cárdenas, cura, vecinos de este lugar”

Sin entrar en el arcaísmo ritual del juramento y del homenaje, la entrega de llaves, pertrechos y municiones demuestra en 1651 no sólo la existencia misma del castillo, también su conservación y su revalorización en el contexto de la guerra con Portugal (1640-1668). Los once años de guerra transcurridos desde el inicio de las hostilidades habían proporcionado varios sustos en una provincia abandonada en manos de sus escasas defensas y unas milicias locales desentrenadas y peor pertrechadas. La reactivación de los privilegios dados a los caballeros de cuantía, los pechos continuados (impuestos) y los repartos mensuales de soldados para la frontera, anotados en los libro capitulares, poco podían hacer ante la llegada de enemigos numerosos, entrenados y bien armados. Las defensas, por malas o pequeñas que fuesen, jugaban un papel fundamental en el sostenimiento del territorio y en el alojamiento y socorro que podían proporcionar a las poblaciones y a las propias fuerzas militares en caso de necesidad.
Sobre el terreno nada se aprecia hoy de la existencia de la fortaleza del Bosque, ni tan siquiera los habituales tejares que localizan tantos yacimientos arqueológicos. Probablemente se tratase de alguna estructura de tapial y refuerzo de ladrillo, tal vez con cimentación de mezcla de piedra y argamasa habituales de la época, cuyos escasos restos útiles fueron reutilizados en las construcciones de la finca en épocas posteriores. Nada sabemos aún al respecto. El tiempo, la documentación o la arqueología tal vez nos deparen aún algunas sorpresas al respecto y nos proporciones nuevas informaciones.



sábado, 23 de julio de 2016

El capital indiano de los Mocho.

Teresa Rodríguez Mocho y Antón Suárez se casaron el 18 de noviembre de 1596, otorgando nueves  meses después la correspondiente escritura de dote por valor de 150.351 maravedíes (4.422 reales y 3 maravedíes). Obviamente, con estas cantidades, formaban parte de la clase acomodada de la localidad recibiendo por dote 3 bueyes domados, 2 bacas, 2 burras, una casa en la calle que sale a Niebla “que se dice el molino viejo”, esquina con San Salvador, y 2500 cepas de viña, además de 1600 reales en ajuar. Enviudó antes de 1624, heredando de su marido una deuda de 7 carretadas de carbón que le costaron 252 reales.
Real de a ocho 
Ya viuda, entre 1624 y 1629 casó a dos de sus hijas, María Suárez de Estrada y Leonor de Estrada (+ 1643) otorgando dote a la primera por valor de 93.939 maravedíes (2762 reales y 31 maravedíes) y promesa de dote con ganado, casa, la de su morada, y viña, a la segunda, y más de 1000 reales en ajuar.
En la dote de María, otorgada en Lucena, la otra se otorgó en Trigueros y no la tenemos, llama la atención la presencia de dos anillos de oro, unos sarcillos de plata con piedras, un agnus deis de plata sobredorada, y una gargantilla de oro con tres piedras, valoradas en 89 reales, poco habituales en los protocolos locales, además de abundante ropa de vestir.
En Septiembre de 1635, Teresa, la matriarca de la familia otorga dos nuevas escrituras, esta vez de poder, comisionando primero a su primo Sebastián Rodríguez mocho, y a la postre a Juan Rodríguez Mocho, su hijo, y a Juan Riquelme de Quirós, vecino de Trigueros, para que puedan cobrar del padre Fabián López, Procurador General de la Compañía de Jesús en Indias, y de Alberto Coberte y Pedro de Saldias (¿Zaldivia?), vecinos de Sevilla:

“... dos mil y quinientos pesos de plata que paran en su poder y me pertenesen por abérmelos enbiado de las Yndias Pedro Rodríguez Mocho, mi hermano, que murió en ellas en la siudad de Arequipa...”

Este sólido capital, se supone que reales de a ocho americanos, unos 20.000 reales además del propio, fue rápidamente empleado en la mejora de las dotes de tres de sus hijos, Juan, Leonor y Pedro en tres escrituras sucesivas de 1637. En el caso de los varones, que no se citan como escrituras de arras o de mejoras, las dotes adquieren la peculiaridad que la otorgante entrega los bienes al hijo, que a su vez los entrega a su esposa.  Juan Mocho manifiesta “los bienes que resivo e llevo a poder de la dicha Ana Díaz, mi mujer”, mientras su mujer reconoce “... que es berdad que el dicho Juan Mocho, mi marido, trae a mi poder todos los dichos bienes...”. Por su parte, Pedro Mocho dice que recibe de “Teresa Rodríguez, madre, viuda del dicho Antón Suárez, por quenta de mi legítima que me toca y he de aber de los dichos mis padres, los bienes que aquí van declarados.... y me obligo a tener por bienes de mi legítima y que los llevo a poder de María de la Concepción, mi mujer, con quién estoy casado”
Por lo demás, la estructura de las tres escrituras es distinta. Juan Rodríguez Mocho (+ 1643) recibe la suma de 250 ducados (2750 reales) en grano, trigo, cebada y centeno, y sobre todo ganado, dos bueyes, tres vacas paridas con sus crías, una vaca horra, una becerra y un caballo, y diez ducados en dineros. Y por vía de mejora, “y en la forma que mejor aya lugar de derecho, ochenta ducados que acaban elevando el valor de lo recibido a 330 ducados (3.630 reales). Unos días más tarde, su mujer realiza inventario también sus bienes en presencia del Alcalde Ordinario para que en todo tiempo se sepa que trae, alcanzando la cifra de 71.685 maravedíes, (2.108 reales y 13 maravedíes).
La escritura de Pedro Mocho, casado con María de la Concepción es más modesta, 1306 reales en  medio cahiz de trigo y siete fanegas de cebada, dos bueyes y dos vacas preñadas y una vaca con su becerro.
Sin embargo, esta es sólo una verdad a medias. El inventario de sus bienes realizado a su muerte recoge otra escritura otorgada el 28 de enero de 1636 de los bienes que le entrega su madre a “cuenta de la legítima”, no inventariados anteriormente por lo que puede deducirse, por valor de 60.259 maravedíes (1772 reales y 11 maravedíes). Aunque el final de la página está roto y no puede leerse entero, se incluyen los siguientes bienes:

Un vestido negro que costó veinticuatro ducados.
Un jubón embutido negro en seis ducados.
Una medias negras en un ducado.
Unas ligas que costaron un ducado.
Unos zapatos de cordobán de un ducado.
Un sombrero en 14 reales.
Una saya en seis ducados.
Un jubón de mujer en seis ducados.
Unos chapines de mujer en 1 ducado.
Dos pares de zapatillas de mujer.... (roto)
Un anillo de oro en treinta reales.
Espejos y cintas para mujer (8 reales).
Dos tocas de mujer en ocho reales.
Seis fanegas de trigo en nueve ducados.
Un buey en once ducados.
Una v(aca en 55 reales)
Un re..... (en 36 reales).
Un.... (en 13 reales).
..... (en 100 reales).
“Setenta ducados en reales de contado que agora resibe en presensia de mí, el escribano público”

Son los tres tipos de bienes habituales, para la hacienda, dinero en metálico, y vestuario femenino, en este caso de calidad, el aspecto externo de la nueva posición social de los Mocho, y no sabemos, si alguna urgencia económica por las semillas y los animales.
Finalmente, la escritura de Leonor también explicita la nueva posición social: “.... al tiempo y quando me casé con Leonor Díaz, mi legítima mujer, hija de Antón Suáres de Estrada y Teresa Rodríguez, su padres, la dicha Teresa Rodríguez me dio en dote y casamiento con la dicha Leonor Díaz, mi mujer, la dote y bienes que por la dicha carta de dote paresiere, y agora me quiere dar algunos bienes más para que también sean su propio dote y capital y los bienes que resivo ban apresiados....”. Le otorgan 59 ducados en dinero, medio cahiz de trigo y medio de cebada, dos bueyes y dos vacas preñadas y una horra. En total 1933 reales.
El monto total de las cuatro escrituras alcanza la cifra de 8.641 reales, (785 ducados y 6 maravedíes), una pequeña fortuna que estiró bien la herencia para todos los deudos locales y otorgó nuevas posibilidades a todos ellos.
La matriarca, Teresa Mocha, como era conocida y se cita en las fuentes, nos consta que adquirió ganado cabrío y aparece en varias escrituras de compraventa de trigo y cebada a partir de 1636, un hecho casi obligado para muchas viudas que tenían que avalar las operaciones de sus hijos “menores”.  Después de esta fecha, 1637-1639 fue de las pocas mujeres que tuvo capital y energías para dedicarse al carbón, convirtiéndose en una pionera que traficaba y otorgaba escrituras por su cuenta, si bien con pequeñas cantidades. Su hermano Sebastián Rodríguez Mocho, vecino de Niebla, tal vez la avalara, o heredara el negocio, ya que su actividad es posterior a la de Teresa.
Sus dos hijos varones, Pedro y Juan, también se dedicaron al tráfico. Pedro Mocho murió en Indias, antes de 1651, fecha de su inventario de partición de bienes y según el testamento de su sobrina. En la carrera de Indias, no debió tener micha suerte.
Juan Mocho se convirtió en uno de los comerciantes de río de nuestro pueblo con cuentas en su testamento con varios vecinos de Moguer de cebada, bacalao, y trigo. No se dedicó al comercio de carbón, aunque si a la fábrica, lo que no deja de constituir también una rareza en nuestra localidad.



sábado, 16 de julio de 2016

Lobos

En el término de Lucena del Puerto hemos rastreado al menos tres topónimos relacionados con el lobo. Dos son muy conocidos y actuales, el carril de los Lobos y los pinos de la lobera, y el tercero se ha perdido, el denominado “Poso de la lobera”,  todos ellos en los límites de los Propios y muy próximos a la localidad. La enorme superficie de terrenos baldíos de la villa de Niebla, que abarcaron históricamente desde el término de Moguer al de Rociana,  rodeados también de baldíos de Moguer y de Almonte, en lo que hoy es el territorio de Doñana, conformaban desde la edad media un vasto desierto de población en el que sólo se aventuraban pastores y carboneros. Desde la cañada real que unía Moguer y Almonte, cuya denominación local es el carril de Lobos, sólo salían dos cordeles hacia el sur, la cañada del Loro, que atravesaba el término de norte a sur, y la Rigeta, que desde Santa Catalina se dirigía a Almonte y Sanlúcar de Barrameda y conectaba con Moguer a través del otra vereda o la propia vía principal.
Camada de Lobos

“...y en todo lo demás hacia todo el sur, no hay población alguna, porque todo el terreno se compone se tierra arenosa y monte bajo, hasta que se va a dar desde aquí por lo más cerca, con el mar, distante tres leguas, y después, playa arriba, se va a dar al sitio de Sanlúcar de Barrameda que viene de Sevilla y entra por ahí en el dicho mar, y distante deste pueblo como trece leguas.”.

Las numerosas descripciones que poseemos de esta zona durante la edad moderna dibujan un territorio agreste poblado de alcornoques, acebuches y madroños, moteados de pinos. La topografía ofrece pocos recovecos, aunque la zona de los cabezos se muestra tortuosa en detalle, y los torrentes y arroyos tienden a desdibujar la unidad  de las tierras al aislar pequeños valles ocupados por abundante vegetación de ribera. La documentación más antigua del Archivo Municipal, del siglo XVI, alude a esta zona de transición hacia “las arenas” como bosque poblado de “lantisco e blanquilla, retama y bermejuela, y labiernago, y murta”, especies arbustivas que aprovechan los vecinos para leña y carbón, sin sacar cepa, ni árbol. Más al sur, en el llano,

“hasta la dicha playa es todo monte poblado de matas que llaman jaguarzos, jaras, brezos, labiérnago, escobón, aulaga, algunos madroños y lentisco, multineras, que es arrayán, en cuyos montes hay algunos alcornoques salteados y pinos, y cerca del mar muchas matas que llaman tábega y sabina. También hay en dichos montes, en muchas partes, romero”.

La presión sobre el medio de las actividades humanas parece que era escasa, tanto por el déficit de población, como por el carácter del utillaje, que provocaban que al poco tiempo todo se poblara de hierbas y arbustos que debían alcanzar un porte alto y cerrado. La inexistencia de casas de campo, la lejanía y la presencia de presas de caza hacían de la zona el hogar idóneo para numerosos lobos, que detectamos porque los cabildos le daban caza y pagaban por ello.
Los pagos a los cazadores son habituales en los archivos locales desde su origen, siguiendo prácticas ancestrales, según se cree, pero había años en que las alimañas se multiplicaban especialmente. En 1607, el Cabildo de Lucena informa que en el término y las dehesas del lugar andan cantidad de lobos que hacen daño a los ganados, acordándose que,

“cualquier persona que matase en este término y mitaçión de este lugar se le den y libren de los propios de este Consejo por cada un pellejo de lobo, tres ducados, y mandaron que se apregone....”.

El precio no era nada despreciable, alcanzando el jornal de ocho días de trabajo, lo que hacía muy atractivo el descubrimiento de camadas. No obstante, no debieron ser muy efectivos los premios, puesto que seis años después, 1613, se contrata a una cuadrilla de ceperos de Zalamea para el mismo fin:

“Mandaron y acordaron por quanto en esta tierra ai muchos lobos en las arenas, término y valdíos de la villa de Niebla, i hazen mucho daño a los ganados de los vexinos deste lugar e Juan García, vezino de salamea, sepero, se a conçertado con este cabildo de que armará los sepos que él i sus compañeros traen...... está convenido e conçertado de que por cada un lobo que el dicho Juan García i sus compañeros vezinos de çalamea tomaren e materen con sus çepos en todas las arenas, término de la villa de Niebla, de río Tinto a la salida de las arenas, se le de un ducado, el qual ducado dixeron e mandaron se le de de los propios deste cabildo, por el día de Santa María de Agosto deste presente año”.

Una prueba más de la numerosa presencia son las camadas aprendidas en 1575.  En el mes de mayo Bartolomé Pérez, vecino de Almonte, y Alonso Domínguez, tal vez de Lucena, tomaron cuatro camadas de lobos e hicieron presentación de ellos, “pagándoseles en aviendo dinero”. Tampoco se le pagó otra camada a Alonso González, vecino de Beas, comprometiéndose el Cabildo a llevar el dinero a María García. Y en el mes de junio un hombre que dijo llamarse Antón Domínguez, vecino de Valverde, trajo dos lobos que “no se le pagó porque no ay dineros”.

Estos apuros económicos, que eran los habituales de los Cabildos, azuzaron el ingenio de los habitantes de la zona que pronto buscaron remedio. Había otras formas de cobrar y ésta era práctica habitual entre particulares. En 1639 Alonso Díaz y Gonzalo Vivas otorgan 14 ducados a Antón Domínguez Alpizar, vecino de Bonares, a cambio de una “libransa del Consejo de la villa de Almonte que le dieron por siertos lobos que mató y para que pudiere sacar sepa en los montes de la dicha villa a ocho reales la carretada”, lo que equivalía a la nada despreciable cantidad de 19 carretas y 5 costales.
Las últimas referencias a lobos cazados proceden de la década de los sesenta del siglo XIX, pero dada la falta de originales por la pérdida del archivo en la segunda mitad del siglo, mucho nos tememos que continuaron hasta pleno siglo XX.  El último lobo en la comarca se cazó en la década de los sesenta en el corazón de Doñana.



El hijo de la esclava.

Los libros de bautismo de la Parroquia de San Vicente Mártir registran durante la segunda mitad del siglo XVI un relativamente elevado volumen de ilegítimos (5,3 por ciento de los nacimientos), una parte de ellos hijos de esclavas que constituyen el 1,7 por ciento de los nacidos. Este hecho, en coincidencia con otros estudios, nos permitió acercarnos al fenómeno de la esclavitud en el Antiguo Régimen y acotar  temporalmente el mismo en estas fechas, puesto que los nacimientos esclavos desaparecen prácticamente a partir de 1589, registrando posteriormente dos solitarios alumbramientos de parejas con al menos uno de los cónyuges sujeto a servidumbre.
Cuerda de escalvos.
Ilegitimidad y esclavitud son un fenómeno conectados  por la condición legal de las madres que otorga la propiedad al dueño de la esclava. El nacido era considerado a los efectos legales como un semoviente, una bestia de carga o arada, al que se puede y debe hacer producir. Los reconocimientos de paternidad en los archivos locales son inusuales, y más aún la de un hijo esclavo, como el caso que nos ocupa. El 4 de enero de 1576 Diego Hernández, Alcalde Ordinario y comerciante de carbón,  y Catalina Núñez, su esposa, firman el contrato de venta y ahorramiento de Francisco, el mismo día en que él realiza su testamento, declarando lo siguiente:

“por quanto nosotros tenemos un niño esclavo de color mulato, que a por nombre Francisco, hijo de María, nuestra esclava, de edad de ocho o nueve meses, poco más o menos, el qual es nuestro y nos perteneçe por justo e derecho título. E por quanto vos, Francisco Bázquez, portugués, vecino del dicho lugar de Luçena, que estays presente, desís que es vuestro hijo y lo queréis libertar, por tanto de la mejor vía e forma que en derecho a lugar desimos, de común acuerdo y conformidad, que libertamos al dicho Francisco, nuestro esclavo, y achoramos de toda susesión, (causa e derecho) para que, en siendo de edad, disponga de su persona a su boluntad, y pueda hazer y ordenar su testamento, y todo lo demás que contenga esto por razón de la dicha libertad. Vos el dicho Francisco Bázquez nos disteis e pagastes por el dicho Francisco, mulato, treiynta y dos ducados en reales de plata castellanos, que suman y montan onçe mill y nobezientos y setenta y ocho maravedíes de la moneda usual corriente en castilla, de los quales nos tenemos de bos por bien contentos.....”

El caso resulta más extraño en tanto en cuanto el propietario en su testamento confiesa que tiene “una quenta con mis hermanos de quando bendí a María esclava en que está sentada por memoria, y a ella me refiero, y cinquenta ducados que se abían de pagar de tributo de la dicha esclava”. La premura en la venta y ahorramiento del pequeño podría derivar de la venta de la madre, pero en el contrato Diego Hernández se obliga a que lo criará la dicha María, su madre, nuestra esclaba, un año cumplido desde el día en que nasçió hasta cumplido el dicho año, y dos meses más si fuere menester darle el pecho todo este tiempo”, por lo que debe tratarse de otra esclava, que no nos consta, o realmente se trata de un empeño de la misma, dada a tributo a cambio de una deuda. No obstante, el empleo del pasado en el documento parece que nos inclina hacia la primera opción. Cabe la posibilidad que fuera adquirida también por su compañero aunque no consta contrato por alguna circunstancia que se nos escapa.
Tampoco tenemos muchas más referencias del alumbramiento y de los padres. El exhaustivo Archivo Parroquial registra el 24 de abril de 1575 el  sospechoso bautizo de un niño esclavo llamado Francisco, hijo de María esclava de Diego Ruiz, que con una alta probabilidad podría tratarse de un error del párroco o que el propietario fuese conocido por la doble denominación y que a veces utilizase el nombre propio o el de su familia, también relativamente usual en la época.
El padre por su parte, portugués, aunque aparece naturalizado, no tiene referencias locales. Un año antes lo encontramos negociando y vendiendo  17 carretadas de carbón a un vecino de Lucena en el vado y parece relacionado con otros portugueses y con los comerciantes del río de la ciudad de Moguer. Por un poder fechado el 16 de enero de 1575, doce días después de la compra de su hijo, sabemos que podía estar casado puesto que otorga poder a su suegro, Gonzalo Yánez, vecino de la ciudad de Moguer para que en su nombre cobre deudas en Moguer, Lucena y Niebla  de “mucha cantidad de  ropas que me bendió”,  pan, trigo, cebada y joyas, y pueda vender sus bienes muebles e inmuebles. Y aunque la mayoría de estos poderes son genéricos y otorgan ambas cosas indistintamente, fueran o no necesarias, se nos antoja que el elevado valor del niño, 352 reales, requirió de numerario para la compra y provocó cierta premura en el padre. El valor del esclavo se encuentra por encima del precio de mercado  de un niño de estas características en el mercado de Ayamonte (González Díaz, Antonio Manuel, 1996, pág. 52) y la vida de un niño de pecho, con los niveles de mortalidad del siglo XVI, valía muy poco, y mucho menos alejado de la protección materna. La acción del padre, perfectamente comprensible, puede calificarse de un acto de fe puesto que más de la mitad de los párvulos no superaba siquiera el primer año de vida. La esperanza de vida de un pequeño esclavo debía ser aún menor a tenor de los datos que barajamos.
Nada sabemos, por el momento, que ocurrió con los protagonistas con posterioridad a esta escritura.


domingo, 26 de junio de 2016

Algunas descripciones de Parchilena.

Poseemos varias descripciones de la finca de Parchilena en diferentes épocas de su historia. Cada una en su estilo propio nos transmiten la riqueza de la heredad, probablemente de las más prosperas y cuidadas de todo el Condado de Niebla. Es obvio que nos permiten comparar y eso es lo que vamos a intentar en este capítulo.

La primera de ellas data de finales de los años ochenta del siglo XV, y se trata de una carta secreta dirigida en vida de Diego de Oyón por el prior del Monasterio de San Jerónimo de Sevilla a su homónimo de Guadalupe, y por consiguiente, anterior a l fundación del Monasterio:

“….Que vi por mis ojos, ansí en la casa como en derredor della, que la casa tiene tal  disposición y tal sitio, que pienso que muy pocas casas de nuestra orden tal lo tengan, ni tan sano, ni tan alegre, ni de las cosas que a vida humana menester son, tan ameno, ni tan copioso. A fructu frumenti, vini et olei ita muliplicata est, ut nulla ordinis nostri domus sit quae sibiin his se habeas comparari (Se ha acrecentado tanto el rendimiento de trigo, vino y aceite que no hay ninguna casa de nuestra orden que se pueda a este respecto comparar con ella”). E sin esto tiene de olivos y casa, cuanto en otros muchos se puede hallar…..
Tiene el río brazo de mar junto con las labranzas próximas, no más lejos que sant Bartolomé a Lupiana y menos; y muy más llano. Y todo lo de entre medio, suyo; y la barca del pasaje, suya; que es cerca desta casa nuestra a ella. Ansí pueden ir por mar sin bestia como por tierra sin barco.
Leña e las otras provisiones de labranza, de yugos, carretas y arados todas las otras existencias, superfluo es decir. E porque torne a lo principal, de pan e vino e aceite, tenga V.R. que lo vi et testimoniun peribero vervatis. Que la tierra de labranza es en la verdad casi seiscientas fanegas de sembradura, de las cuales trescientas se siembran un año e las otras trescientas otro. Díjome Diego de Oyón que le andan a cahíz y medio la fanega.
El vino es tanto que me dijo que este año había vendido en ciento e siete mil maravedises, quedando la cepa añeja e para su provisión. Del aceite no sabe decir el número de las aranzadas de olivar, más dice que el año de esquilmo coge setecientas tortas de aceitunas, que aunque no andan sino a diez cántaras, serían siete mil cántaras. Tiene para eso dos molinos y todos sus atavíos mucho cumplido….”

No describe los molinos, lagares y vigas porque no lo considera necesario. Se centra en 600 fanegas de sembradura de año y vez y la producción de vino y aceite que para los monjes constituían la riqueza de la heredad.
Andado el siglo XVIII, el archivo municipal nos informa de la segunda de las descripciones realizada por Fray Pedro de San Cristóbal, su procurador mayor, como apoderado del mismo para el registro de los bienes de obras Pías y Eclesiásticas. El documento, a diferencia del anterior, tiene un fin fiscal, y obviamente, una estructura distinta que adaptamos a la publicación:

“El dicho por un molino de viento, rebaxada la tercia parte, produce libre 600 reales de vellón (rv)
El dicho por un molino de azeite que produce libre, rebaxada la tercia parte 212 rv.
El dicho por un lagar de pisar uba que produce al año, rebaxada la tercia parte, 88 rv.
Posee el dicho monasterio una huerta sercada de vallado con tres fanegas de tierra de buena calidad de regadío que produce libre al año 1275 rv.
Dentro de la propia pieza antesedente se incluie una fanega y media de secano con algunos árboles frutales que produce al anno con las dos viviendas 200 rv.
El dicho por el producto de los diezmos de dicha huerta de qual es compra(dor) y los percibe dicho monasterio 141 rv.
El dicho por el cortixo de Parchilena, serrado y acotado, en el que se incluien doscientas treinta y dos fanegas de tierra de secano de buena calidad que producen al anno libres 8822 rv.
Dentro del dicho cortixo se incluie otra pieza de tierra de tierra de siento treinta y quatro fanegas de mediana calidad que producen al año libres 3400 rv.
Dentro del mismo cortixo se incluie otra pieza de siento dies y seis fanegas de tierra de inferior calidad y producen al año libres 1870 rv.
Dentro de la dicha pieza se incluie ochenta fanegas en que (hay) dispuestos sin orden tres mil doscientos catorce olivos hechos que producen al año libres 4821 rv.
Dentro del propio cortixo se incluie siento nobenta y seis fanegas de inferior calidad poblada sin orden de alcornocal que producen al año 800 rv.
Dentro de la dicha pieza antesedente y cortixo ai otra pieza de una fanega de inferior calidad y que produce al año 75 rv.
Por ocho mil seiscientos ochenta y seis olivos que produzen al año libres 13029 rv.
Ciento dos estacas que no produsen nada puestas de este año.
Dentro del mismo cortixo se incluie una casa de campo de material con paxar, tinaón, gañanía para bueyes que producen libres al año 800 rv.
Dentro del mismo cortixo se incluie un granero y dos bodegas que producen al año libres 300 rv.
Produce dicho cortixo por valor de su acotamiento en pastos y espiga 1100.
Produce dicho cortixo por valor el diezmo de que es libre y lo gosa el dicho monasterio 4020 rv.

DEHESA DEL MARMOL.
Posee dicho monasterio una deesa llamada del Marmol, imediata a dicho cortixo en que se comprehenden ciento onze fanegas de tierra de buena calidad que produce al año libres 4776 reales.
Dentro de dicha dehesa se incluie otra pieza de quatro fanegas de buena calidad que producen al año libres 86 reales.
Dentro de la propia deheza se incluie otra pieza de treinta y seis fanegas de tierra que producen al año libres 488 reales. Dentro de la antecedente pieza se incluien sin orden varios almendos que producen al año libres 200 rv.
Dentro de la misma dehesa se comprehende otra pieza de dies y nuebe fanegas de inferior calidad que producen al año libres 141 rv.

VIÑAS.
Dentro de la referida dehesa ai una serca en que se comprehende treinta y ocho mil sepas de viña y almendros y demás árboles 3880 rv.
Dentro de la propia dehesa se incluie otra pieza de 106 fanegas de tierra de inferior calidad que producen al año libres 890 rv.
Dentro de la pieza antesedente se incluie sin orden seicientos y trinta y nuebe alcornoques que producen al anno libres 200 rv.
Detro de la dicha dehesa se incluien sin orden diferentes pedazos de pinares de buena calidad que compondrán según juicio prudente seis fanegas que producen 670 rv.
Produce la dehesa de Marmol por razón de diezmos, de que es libre, 2399 rv y 28 marevedíes.

DEHESA DE SOTO.
Produce la referida deheza 1100 rv. Libres al año, incluso el diezmo.
Dentro de la deheza boyal de este lugar hai una suerte de tierra llamada de don Christóbal de treinta y quatro fanegas de mediana calidad que producen al año libres 450 rv.
Dentro de dicha dehesa del Soto ai una suerte de tierra de dies y seis fanegas de tierra de mediana calidad que producen al año libres de diezmo 320 rv.
Dentro de la dicha dehesa del Soto ai otra suerte de tierra de calidad de veinte fanegas que sale del barro, cheriza (resbaladiza) y va a dar a río Tinto, linde con el cortixo de Parchilena y tierra de la Santa Misericordia de este lugar que producen libres al anno por ser de buena calidad y libre, 10.000 rv.

TIERRAS ARRENDADAS.
Una suerte de tierra de diez y seis fanegas arrendadas a Manuel Borrero de esta vezindad que produce al año libres 360 rv.
Otra suerte llamada Juan Polo de ocho fanegas arrendada a Vicente Pulido que produce 162 rv.
Otra suerte de tierra llamada Juan Fernández en la dehesa Boyal de este lugar arrendada a Manuel Domínguez que produce 81 reales.
Otra suerte de tierra en dicha dehesa Boyal llamada de los Lagarejos, arrendada a Martín Rejón que produce 65 rv.
Otra suerte de tierra de cabida de doze fanegas al sitio del Berrasal, dehesa boyal de este lugar, que producen libres 243 rv.
Otra suerte de treinta fanegas llamada Avendaño en dehesa Boyal arrendada a Joseph Regidor y Vecente Garrochena que produce libres al año 384 rv.
Otra pieza llamada Corral de Abendaño, dehesa Boyal, arrendada a Manuel Garrochena que produce 36 rv.
Otra suerte de seis fanegas llamada las Asomadas, arrendada a Juan Molina y Juan Ruiz que produce al año libres 144 rv.
Otra pieza de nuebe fanegas llamada Juan Sánchez arrendada al presente escribano que produce libres 180 rv.
Otra pieza de tierras de dose fanegas que llaman la Frayla Chica en los valdíos, arrendada a Melchor Vivas en 125 rv.
Otro trozo de tierra llamada Frayla grande en el Valdío, arrendada a Vicente García que produce libre al año 225 rv.
Otra suerte de tierra llamada el Almendral de Marcos, arrendada de Manuel Ruiz de Pulido que produce libres 15 rv.
Otra pieza de tierra al coto de las Cabezadas, de seis fanegas en los valdíos de inferior calidad que produce 60 rv.”

La hacienda de Parchilena se extiende ya por 829 fanegas de tierra calma, unas 32 fanegas de viña y 80 de olivar disperso y unas 170 de olivar sembrado (los 8600 olivos que se citan)  que conocemos por otras fuentes. A ellos debemos sumarle las 196 fanegas de alcornocal y las 6 de pinar, más la mitad de la dehesa de “a medias” que no aparece como tal en la relación y la huerta.  En total 1317 fanegas y media declaradas, sin incluir las suertes, y otras 99 arrendadas que superan las 1100 fanegas de otros registros. Parchilena, es evidente, se ha ampliado y está diversificado su producción desde principios del siglo XVIII hacia el olivar.
El molino de aceite, lagar, las gañanías y las casas de campo son los mismos que se describen en las relaciones originales, a los que habría que sumar tres molinos mareales, alguno de cuyos restos hemos localizado ya, que el Tinto anegó y enterró en el siglo XVI. El molino de viento podría no encontrase en Parchilena puesto que tenemos referencias para el siglo XVIII de uno en una parcela que era del monasterio, tras la ermita de San Salvador, y que hoy ocupa la plaza de Parchilena. La zona, posteriormente vendida y no sabemos cómo en poder de la Misericordia, es denominada en las fuentes el Molino de Viento y su existencia aparece reflejada en el mismo Catastro del Marqués de la Ensenada. En la heredad no poseemos referencia escrita o física de su existencia, y en el exhaustivo  inventario de la exclaustración no aparece, lo que parece confirmar nuestra hipótesis.
El último de los testimonios es también inédito y procede de la revista Crédito Público (Madrid, 1 de marzo de 1823, número 344). Se trata del anuncio de venta de "las fincas procedentes del suprimido monasterio de la Luz, sito en término de la villa de Lucena del Puerto, cuyo remate se ha de celebrar en la de Trigueros". Respondemos, de esta manera y aquí, indirectamente y mediante las fechas de publicación, a una pregunta que se nos ha reiterado en numerosas ocasiones de cuándo se suprimió el monasterio,  puesto que su venta se inició durante el Trienio Liberal y el remate final tuvo lugar en 1837 debido al pleito por el que el Duque de Hijar reclamó la herencia de los Portocarrero. El cortijo, como era ya calificado, se remató en 7.013.960 reales de vellón y la casa, denominada ahora hacienda, en 49.500 reales.
Evidentemente no se subastó todo y los documentos poseen algunas contradicciones. El Anuncio de crédito público relaciona los siguientes bienes:

“Un cortijo de pan sembrar llamado Nuestra Señora de la Luz, de 549 fanegas y 6 almudes de tierra, de primera, 2ª y 3ª calidad con tinaón de bueyes, 2 pajares y un corralón....... 480.320 reales de vellón en venta.
Una huerta de regadío contigua al monasterio, de cinco fanegas de tierra con árboles frutales, noria, alberca y casa ruinosa......... 12.000 reales de vellón en venta.
Una suerte de tierra de 44 fanegas de 3ª calidad, que linda con tierras de Pedro Márquez, vecino de Moguer....... 16.016 reales de vellón en venta.
Otra suerte de 30 fanegas de tierra al Abendaño..... 14.300 reales de vellón en venta.
Dos fanegas y seis almudes de tierra conocidas como el Abendanillo inmediatas a la anterior....... 1000 reales de vellón en venta.
La mitad de la dehesa llamada de a medias por tener la otra mitad la villa de Lucena del Puerto, que se compone de arbolado de  alcornoques, algunas encinas y tierra de pasto..... 30.000 reales de vellón en venta.
Otra dehesa llamada de Parchilena, la cual se halla en estado deplorable...... 12.000 reales de vellón en venta.”

Los datos, como es evidente, no cuadran ni con calzador, aparecen la huerta, unas 600 fanegas de tierra calma y la dehesa de Parchilna, constituyendo probablemente el resto uno de los habituales excesos de cabida que se embolsaban los compradores  y no pagaban. Del deplorable estado de la heredad y la hacienda, tras la invasión francesa de 1810 y el abandono de los frailes en 1823, son muestras el estado de la dehesa y la  huerta, esta última lo mejor y más gradado de Parchilena.
Por el Boletín Oficial de la Provincia de Huelva recuperamos el resto de las fincas menores que se desgajaron de la principal y otros enseres. En 1836 se subastó, hasta mayo, la hierba de la dehesa y se arrendó una viña con 12.000 cepas, y otra de inferior calidad por un año. Ese mismo año, se arriendan 12.000 pies de olivos, la almarciga y el molino de aceite por dos años, y se rematan definitivamente los bueyes, mulos y burros que quedaban y 100 carneros. Todo ello era parte del cortijo que tras la sentencia debió ser entregado a Urzaiz.
Las pequeñas suertes de tierra exteriores se dividieron en lotes más pequeños y se subastaron en 1837, y por consiguiente, con posterioridad al pleito de Urzaiz. Los anuncios y suertes los extractamos en el cuadro siguiente:

Anuncios de subastas de pequeñas suertes de tierra pertenecientes al Monasterio de la Luz con el precio de salida equivalente a la renta anual
FECHA
Lotes/Descripción
(Fanegas y almudes)
Ubicación
Renta anual (RV)
Remate
15-09-1837
10 f
3 f
14 f y 3 a
2 f y 3 a
23 f
12 f
Vega Torre
Tinahón
Zorrera y almendral
Zorrera y almendral
Portería
Vega nº 28
405
45
210

350
500
24 septiembre
18-09-1837
Las 108 fanegas de la vega se dividen en 9 suertes de 12 fanegas con la numeración adjunta




14 a 15 f
4 f
20 f
22 f
32 f  y 5 a
Vega nº 1
Vega nº 2
Vega nº 3
Vega nº 5
Vega nº 6
Vega nº 7
Vega nº 9
Vega nº 10
Vega nº 11
Cerca nueva
Portería-pilar
Valdeliebre
Cuesta atajo
Huerta vieja
980
910
950
965
845
800
905
900
1000
1220
520
1000
860
1500
24 septiembre

En total fueron 265 fanegas y 11 almudes  que se corresponden con la parte de Soto y las arrendadas, la mayoría de ellas fuera de la zona de labor del monasterio.
Es obvio, y nos consta por algunos documentos que los frailes retornaron a la heredad entre 1812 y 1823, pero no nos consta actividad en la hacienda. Sabemos también que Parchilena registró combates en al menos dos ocasiones durante la Guerra de la Indepencia, y que los franceses volaron parte de la iglesia y su estructura, pero seguimos teniendo todavía muchas dudas del resto de la historia posterior y anterior. 



lunes, 20 de junio de 2016

El incidente del Corchito.

En las arenas, hacia la parte de la mar, todo son conflictos.  Son los baldíos, comunales de los vecinos de la villa de Niebla y, según las fuentes, término alcabalatorio y jurisdiccional de Lucena del Puerto, que comparte los aprovechamientos con vecinos de Rociana del Condado y Bonares. La falta de tierras en Moguer para “rozas”, y los mayores problemas sociales, habían motivado entradas de vecinos moguereños en los baldíos que tenían muy sensibilizados a los regidores locales de los tres municipios.
Grupo de agricultores sembrando.
A mediados del siglo XIX, son varias las denuncias y quejas que se reiteran en la documentación local. No obstente, nada se asemeja a los problemas del año 1846, cuyo resultado califican de “escandaloso destrozo”. El informe al Gobernador Civil de la Provincia del primer edil lucenero reseña que “se ha notado la falta de 332 árboles y 414 varillas de alcornoque, con 336 pinos cuyo destrozo es hecho en los años de 844 y el anterior de 839”.
Estos hechos, y las continuas tensiones, debieron pesar en la búsqueda de algún tipo de consenso, obteniendo el consentimiento de Jefe Superior Político de la provincia para otorgar “rozas” a moguereños en los sitios del Cerro de las Candelas y el Corchito. Señaladas sobre el terreno las parcelas en este último sitio por el concejal de Lucena del Puerto Diego García y el Guarda de Marina,

“Al llegar a sus inmediaciones vemos como un pelotón de gente armada que sirculavan por medio del término señalado para dicha (rosa) y efectivamente apresando los labradores que llevavan, y llegaron al sitio, y se encontraron con que los gobiernos de Rociana, con el auxilio de un considerable número de hombres armados con escopetas venían en (intención) de conducir presos a los vecinos de Moguer, y a cualquier otros que allí se encontraran, a cuyo efecto ya habían dado sus disposiciones y hasta tenían varios de los mismos herramientas con que trabajaban apresados con sus mismos dueños......”

Continúa el Concejal, que hace de testigo, que sólo la presencia de él y el Guarda, les detuvo. En el mismo acto, informó al Alcalde de Rociana que estaba en su término y le conminó a no intervenir, advirtiéndole que mal andaba trayendo gente armada para obligar. En esto, según el relato:

“uno solo de los muchachos de Moguer dijo, hablando entre ellos mismos, dijo pues yo no boy preso, cuya expresión oída por el alcalde de Rociana, le dijo V. es hecho aquí, y disiéndole que no le había hechado, le dijo el Alcalde de Rociana pues ahora va usted preso, y contestando el de Moguer que él no hiba preso, y al mismo tiempo diciéndole el regidor Diego García que porqué había de amarrar a aquel hombre, cuando no daba motivo, ni tenía autoridad para ello, consciente de no estar en el término de su jurisdicción, a lo que el dicho alcalde de Rociana dio una voz a los suyos diziendo armarse y amarrar, y al momento desplegáronse en vate(ría) y prepararon las escopetas, e hicieron armas contra el Regidor, Guarda de Marina y más de cuarenta hombres vecinos de Moguer que se hallaban al presente de los cañones de las escopetas con que los apuntaban, en ademán de hacer fuego, que a no ser por uno de las mismas escopetas que, conbenido de las desgracias que pudieran ocurrir, se puso de por medio, y con voces, y en el medio de su escopeta dezía a los otros levantaran las suyas...... y el guarda de marina que a voces le dezía sortaren (sic) esas escopetas, sujételas V. que vamos a tener una desgracia, con cuyas reflexiones y otras muchas que se le hicieron en un acto tan crítico, el Alcalde se aproximó a ellos y le mandó bajar las escopetas, quedando solo entre ellos cuestiones acaloradas, sin vencer el regidor con reflexiones que hizo al Alcalde, haciéndole (responsable) de todos los daños que allí pudieran ocasionarse; durante dichas reflexiones muchos de los tiradores de Rociana se marcharon sin mediación de nadie y los que quedaban, pidiéndole el alcalde se retiraran, marchándose después el alcalde con otros varios que le acompañaban....”.

Los hechos del Corchito ocurrieron el 3 de noviembre de 1846 y el alcalde de Lucena pidió al Gobernador Civil el más severo castigo a tamaña ocurrencia, “que tanto pudo comprometer la tranquilidad pública de este vecindario”.  Sin embrago, este incidente constituía el culmen de otros anteriores y posteriores, destinados a reclamar la posesión jurisdiccional de los baldíos.  El 18 de agosto de ese año se llevan preso al vecino de Lucena Vicente Ojuelos Garrocho, que hacía carbón en el sitio de los Huelos (¿vuelos?), y el mismo día que ocurre lo del Corchito, apresa a cinco trabajadores que estaban rozando el sitio del Corchuelo. 
Continúan dos años sin noticias, y tal vez estuviera formada una Comisión Conciliadora constituida por las autoridades provinciales con la participación del Perito Agrónomo de la provincia que no llegó a nada. En cualquier caso, de nuevo el 2 de agosto de 1848 la villa de Rociana detiene a Manuel Márquez y otros vecinos de Moguer por rozar el monte en el sitio de la Palomera:

“suponiendo que entre el término de Almonte, Moguer, Rociana, Bonares y este pueblo, existe una porción de terreno que se extiende hasta las arenas del mar, y que cuyo terreno, como propio de aquella villa, Bonares, Niebla y este pueblo, están destinados al pastazgo y abrigo de los ganados de dichos pueblos por ser comunero, tanto en pastos como en jurisdicción y que como ninguno de dichos pueblos era dueño exclusivo del citado terreno”.

Pese a todo, en el mismo escrito elevado al Jefe Político Provincial se manifiesta que, con su permiso, las rozas siguen sembrándose sin que nadie las interrumpa en aquellos sitios de su jurisdicción, “quieta y pacíficamente”, y se pide el deslinde de términos con Rociana. No obstante, el conflicto continúa. Una carta de respuesta Alcalde de Lucena al de Rociana del día 6 de agosto, confirma la persistencia del problema:

“veo con disgusto su oficio de fecha del día cuatro recibido aller con propia, que solo se obtiene en contenido su propósito, sino también el desprecio que se hace a mi autoridad, no solo por sus amenazas, si no es por violencia con que quieren entrarse en todo este terreno sin más razones que la de desir ser de esa jurisdicción..... Lucena está en su derecho para en Justa defensa oponerse a su determinación (pero sin otorgarse atribuciones que no sean propias de esta jurisdicción).” 

En otros escritos paralelos al anterior, se manifiesta que por tres veces se ha pedido a la villa de Rociana que señale lugar para roza sin resultado. En septiembre de este año se pedirá autorización al Jefe Político para empanar los terrenos del Verdinal y Gago, y en noviembre el concejal del ramo le informa de que  tiene “acopiadas 40 fanegas de piñón y sembradas 32, y las restantes va a sembrarse tan luego estos vecinos concluyan la sementeras” .
Los trabajos de la Comisión Conciliadora continuaron en 1850 con la propuesta de dividir los terrenos por la mitad, rechazada por Lucena, y el nombramiento de comisionados. No sabemos si estos hechos motivaron que se apresurara el deslinde de términos retomando según Pérez Hernández (1847) los acuerdos de la “primera época constitucional” que atribuyeron la jurisdicción, que no la propiedad, a Lucena del Puerto. Entre 1849 y 1854, según la documentación local, se iniciaron los deslindes y amojonamientos con las villas de Rociana y Moguer respectivamente, sin que este hecho interfiriera en el conflicto anterior. En la partición con ambas villas no se produjo reclamación alguna, situándose ambas lindes donde estaban las mojoneras viejas y actualmente se encuentran. Las mediciones serían finalmente retomadas a finales del siglo XIX, 1897, según nuestras fuentes para restablecer los mojones y levantar el mapa.
Entre ambas fechas extremas 1849-1857 son ya los guardas de campo de Lucena los que denuncian las entradas de los vecinos de Moguer en esa lejana parte de la mar. Pese a la pérdida de originales, en 1863, por ejemplo, denuncian que un tal Juan Acuña que dice ser guarda y vecino de Moguer, ha roto el camino de la mar desde el Charco de los Portugueses hasta el pico de las Cosechas comandando un grupo de vecinos. Las entradas continúan, el hambre también.

sábado, 18 de junio de 2016

Cautivo en poder de moros.

En febrero de 1645 Diego Ojuelos otorga una carta de obligación hacia el fraile  Mercedario Mateo de Treviño en la que explica que:
Redención de Cervantes por Fray Juan Gil
Grabado de H. Mude

“.... abrá siete u ocho años que cautivaron moros a Marcos Rodríguez, mi hermano, yjo de Juan Alonso, nuestro padre, viniendo de las Yndias para España, y oi está cautivo en Argel, tierra (de) infieles, y porque el dotor Andres de las Hayas y dos Luis Roc(...) del Castillo, como alministradores (sic) de la obra pía que fundó Juan Anriques (sic) por don Francisco de Inriquez de Galdamendados, vezinos de Moguer, le tienen mandado para ayuda a su resgate quatrosientos quarenta reales como contan de la dicha manda que le otorgaron en quatro dias del mes de noviembre de mil seissientos y treinta y nuebe años a quién me refiero = y asimismo en este lugar a pedido siento y sesenta reales que los an ofresido para darlos fin, como venga a tierra de cristianos que todo uno y otro hazen seissientos reales. Y porque el padre fray Mateos de Trebino (Trebiño), redentor de la Mersed de la siudad de Sevilla, trata del resgate del dicho Marcos Rodríguez con la limosna que su Magestad y la redensión da, con que yo me obligue a pagarle a buesa paternidad los dichos seissientos reales y venido que sea a tierra de cristianos el dicho Marcos Rodrígues mi ermano, e yo e tenidolo por vien, por tanto otorgo e conosco por esta carta de dar e pagar e entregar al dicho padre fray Mateo de Treviño y a quién su poder obiere, y luego que costen por recaudos bastantes que el dicho Marcos Rodríguez está en tierra de cristianos, puestos y pagados en la siudad de Sevilla a mi costa y con las de su cobransa en su poder, y si luego no se los pagare, pueda ser executado en virtud de esta escristura y de (ilegible) auténtico dél, como dicho Marcos Rodrígues está en tierra de cristianos y para ello mande a persona a la cobransa con doze reales de salario que me obligo de pagarle por cada un día de lo que enella se culpare por la venida, estada y buelta y esta paga ha de zer dentro de los dos mezes de como el dicho Marcos Rodrígues aya venido a tierra de fieles...”

En la misma escritura se constituye en su fiador Andrés Pérez y firman de testigos Juan Bermúdez, Pedro García y el presbítero Pedro Custodio, cura del lugar.
Diego Ojuelos y Marcos Rodríguez eran hijos del matrimonio formado por Juan Alonso Blanco y Juana Pérez, hija de Diego Ojuelos e Inés Gómez, y casados el 14 de Diciembre de 1598. El matrimonio tuvo siete hijos de los que sobrevivieron al menos cuatro, el propio Diego, María, casada con Alonso Martín, Inés casada con el escribano público Blas Hernández y Marcos Rodríguez que fue bautizado como Juan (24-01-1605) o Jerónimo (08-10-1612).
De ambos hermanos tenemos pocas referencias antes de 1645. Diego, casado con María Belmonte, recibe en dote de su mujer 2.730 reales que incluyen una pareja de bueyes, millar y medio de viña y la casa de su morada en la calle de San Sebastián. Entre 1633 y 1645 realiza tratos de carbón, poco cuantiosos ciertamente, y probablemente de alguna manera relacionados con su cuñado Blas Hernández, escribano público, que también realiza tratos propios.
Marcos, según la escritura anterior, debió marchar a indias antes de 1638, puesto que llevaba siete años cautivo y allí debió permanecer algunos años, motivo por el cual no poseemos referencias suyas. Tomando las fechas de nacimientos que poseemos en el momento del cautiverio contaba entre 26 y 33 años, por lo que debió realizar el viaje ultramarino relativamente joven.
Las operaciones de corso y toma de cautivos eran una práctica habitual en esta época. En Argel, centro de operaciones de los corsarios, con la llegada del buen tipo se armaban numerosas naves que realizaban expediciones por toda la costa andaluza y levantina con el único objeto de obtener cautivos: “Anochecen en Bebería y amanecen en las costas de España, y hacen de ordinario presa y se vuelven a dormir a sus casas” (Cervantes, Quijote). No era para nada común el ataque a la flota de Indias proveniente de América, que venía en convoyes y fuertemente armada, aunque se han documentado casos de naves averiadas y barcos extraviados. Los cautivos, una vez llegados a Argel se clasificaban según pudieran o no pagar el rescate, acordando un posible precio con los tratantes y recibiendo un trato diferente según su condición. Los que no podían pagar el rescate eran vendidos como esclavos o destinados a las obras públicas y las galeras, donde servían de remeros de sus captores. Uno de estos dos últimos destinos debió ser el de Marcos Rodríguez puesto que la suya era una familia de pequeños labradores sin mucho numerario económico.
Cada cierto tiempo, según las relaciones, la diplomacia y la política de guerra, el Rey ordenaba una embajada para realizar rescates con el inestimable auxilio de los frailes Trinitarios y Mercedarios, presentes en Argel y los principales puertos, y la intermediación de comerciantes judíos, que en la mayoría de las ocasiones eran realmente los que avalaban los rescates. La expedición de 1580, en la que fue rescatado Cervantes, calcula que eran más de 7.000 los cautivos en Argel  (Astrana Marín, 1948, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra).
Una vez realizado el rescate y antes de acudir a sus respectivas patrias, los rescatados solían realizar una procesión de acción de gracias vestidos con el escapulario y el escudo de la Merced en el puerto o ciudad de destino en la península.
Nos queda por responder a una pregunta ¿fue realmente rescatado Marcos Rodríguez?. La respuesta es sí, lo fue, y no solo eso, se casó y vino a finalizar sus días en su patria chica para gozar de un cierto capital que, sin duda, ganó en la carrera de Indias. En efecto, el 29 de septiembre de 1651 se casó con la joven Tomasina Núñez, de 26 años de edad, con la que tuvo 7 hijos, aunque sólo uno de ellos le sobrevivió.

Ficha de familia de Marcos Rodríguez y Tomasina Núñez casados el 29 de Septiembre de 1651
Nombre
F. Nac.
Padres
Marcos Rodríguez
1605-1609
Martín Alonso Blanco
Juana Pérez
Tomasina Núñez
16-03-1625
Alonso Díaz
Leonor Díaz
Nombre
Fecha de Nacimiento
Fecha de Casamiento
Nombre del Conyugue
Juana
06-10-1652


María
21-08-1654


Inés
10-10-1655
18-11-1675
Alonso Hernández Pinzón
Juana
12-01-1658


Alonso
12-01-1658


Juan
27-10-1659


María Antonia
27-10-1662



El capital registrado en los exhaustivos registros de bienes incluye 6,5 fanegas de tierra calma y dos millares de viña que sabemos que no proceden del capital familiar, por lo que debieron ser adquiridas. Más importante es el ganado que registra 13 bueyes domados y 12 bacas, posiblemente de arada, dada su especialidad, además de 250 cabras, 4 asnos y 1 caballo. Una valoración del capital siguiendo las valoraciones de las dotes de este periodo alcanza la suma de casi 11.000 reales y no se incluye el capital inmobiliario en casas, bodegas y almacenes.
Su hija se casó en 1776 con un Hernández Pinzón, vecino de Moguer, y por tanto, hidalgo y descendiente de los descubridores. Sus padres estaban vivos en ese momento y su dote ascendió a unos 6.000 reales, una suma importante que incluía, tal vez como recuerdo de su aventura americana, una taza de plata de 3,5 pesos y unos sarcillos de oro con perlas, joyas muy poco corrientes en esta época. La ascendencia moguereña del novio tal vez hiciera al padre obviar las tierras, pero más de la mitad de la dote se otorga en ganado (52,83 %), un hecho que la hace relativamente singular, ya que el resto del ajuar se diferencia poco del común de las luceneras casamenteras de la época.
Marcos Rodríguez supero ampliamente los 65 años, una edad inusual para su época. Con toda seguridad, vivió más aventuras y recorrió más mundo que pudo imaginar el resto de sus paisanos, sobrevivió al viaje ultramarino, las enfermedades de Indias, las pestes y el cautiverio, y vino a finalizar sus días en el terruño que le vio nacer.