domingo, 16 de septiembre de 2018

La cita de Lucena en el Cándido de Voltaire.


En el capítulo X de Cándido o el Optimismo del filósofo Voltaire su protagonista, Cunegonda y la vieja que les acompañaba después de haber sido robados en Badajoz, deciden vender los caballos y pasar a Cádiz donde se aprestaba una flota con tropas expedicionarias para castigar el levantamiento propiciado por los jesuitas en la colonia de Sacramento. Voltaire se refiere al camino de Extremadura que una vez concluido en los puertos desvía a los protagonistas hacia su destino haciéndolos pasar por Lucena, Chillas y Lebrija,  el itinerario natural para evitar la marisma que se le podía ocurrir a un absoluto desconocedor de la tierra. Voltaire debía tener un mapa de la zona, pero un mapa antiguo, puesto que la aldea de Chillas, muy cerca de Villamanrique, estaba ya despoblada en el siglo XIV y lo utilizó a su manera.

Un conocedor de la zona o un viajero que hubiese preguntado  sabría que las comunicaciones entre la ría del Tinto y Cádiz no sólo eran permanentes desde la edad media, sino esenciales puestos que el señorío más importante de la zona se desarrollaba a ambos lados del Guadalquivir entre ambas tierras. La ruta marítima mantenía un tráfico permanente de mercancías desde esta zona de río hasta Sanlúcar, el Puerto y Cádiz, los destinos más habituales, que intermediaban determinadas producciones además con la ciudad de Sevilla, La ruta terrestre más habitual era la denominada de las Playas de Almonte, Niebla-Sanlúcar, desde donde se enlazaba con barca con el resto de los destinos.
Voltaire no andaba, pues, muy descaminado.

jueves, 7 de junio de 2018

El proyecto de Ayuntamiento de Trinidad Gallego.


Durante un largo periodo del siglo XIX se estuvo utilizando “la casa” de la calle San Salvador como Ayuntamiento porque así aparece recogido en algunas actas, aunque no podemos concretar la cronología exacta. No existen actas capitulares para este momento, pero en cambio el Archivo Municipal conserva un expediente de obras de 1886, que poco debió dar de sí, y otro de 1892 con el proyecto completo y su correspondiente expediente de contratación, pese al cual, no podemos asegurar que se llevara a cabo en su totalidad por un Consistorio escaso de fondos, moroso con la hacienda estatal y provincial, y siempre muy mal gestionado. No obstante, alguna hipótesis vamos a proponer al respecto.

La memoria de  obras recoge de nuevo expresamente     como punto de partida el estado ruinoso de la casa consistorial, una constante histórica desde el siglo XVI,   y la ocupación de una casa particular provisional, proponiendo la construcción de un edificio     de   “planta     baja  y    principal  en  dos  cuerpos distribuidos   en   Casa-Ayuntamiento,   juzgado   municipal y pósito y  solar de planta  principal   en el  distrito  indicado a depósito municipal” (sic).
La planta baja contiene básicamente dos dependencias separadas, las administrativas, Alcaldía, Secretaría-archivo y Juzgado, y “la prisión preventiva”, denominada así en el proyecto, a la que se accede por el patio, y que consta de una celda de hombres y otra de mujeres, separada por la garita de vigilantes. Una escalera lateral de tres tramos, situada tras la alcaldía, permite el acceso a la segunda planta que ocupa solo el ala administrativa, y consta de salón de Plenos, Pósito y una estancia cuadrada y tabicada, que no recibe nombre, y que tal vez sirviera de alojamiento temporal de algunos de los secretarios municipales, aunque este extremo no consta en la documentación del expediente.  
El proyecto es obra del arquitecto provincial Trinidad Gallego y Díaz (1874-1929), natural de  Sevilla, licenciado por la academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y ocupante de  la plaza provincial tras la renuncia de su hermano José en 1889. Debió ser, pues, uno de sus primeros proyectos en Huelva, o al menos uno de los primeros de envergadura, puesto que aunque participa de la construcción del Ayuntamiento de Nerva, que es anterior, de 1890, solo realiza la dirección de obra sobre planos y mediciones de su hermano José. En esta misma plaza, es autor del Matadero y el Cuartel Viejo de la Palma del Condado, catalogados como edificios neomudéjares, y el proyecto del Hospital Provincial de 1914 para la Diputación de Huelva, del que sólo se construyó el pabellón psiquiátrico. No obstante, sus edificios más conocido en Huelva, en el mismo estilo arquitectónico, son la plaza de toros de la Merced, de 1902, sin lugar a dudas su obra más emblemática y de mayor envergadura  y el teatro Mora, de 1910.
En el caso que nos ocupa, existen dos razones de peso para refrendar la hipótesis de que no se realizó el proyecto en su totalidad. La primera es documental, puesto que un acta de 1911 propone arrendar por cuatro años el edificio de la Plaza de la Libertad “que se encuentra medio edificado” y no sirve para nada, para emplear los fondos en reedificarlo paulatinamente y poner las puertas, de forma que no siga “abandonado en la forma que hace muchos años se halla por la escasez de recurso de este municipio”. La segunda es física o arquitectónica, puestos que el plano se parece en parte al edificio actual, reedificado en 1925, que conservaba una disposición similar del primer cuerpo de la Planta Baja, aunque con la escalera principal ocupando el segundo vestíbulo, lo que obligó a abrir un vano en el despacho de Alcaldía hacia el lugar ocupado antes por esta, y una puerta hacia el patio para dar acceso a la cárcel, que también se remodeló. La disposición de vanos de esta parte, y de la fachada, sugieren que tal vez se edificó la planta baja y  la fachada, que no se concluyeron, y se abandonó el resto, cuyo replanteo no debieron suponer posteriormente graves problemas arquitectónicos.
La posterior obra de 1925, en la Alcaldía de Diego Gómez Cruz, durante la dictadura de Primo de Rivera, de la que aún no poseemos Planos y no sabemos si existen, pudo replantar estas últimas partes inconclusas que se realizaron por administración, dado que ningún constructor quiso hacerse cargo de las obras por el bajo presupuesto tras varias subastas fallidas. De esta manera creemos que pudo aprovecharse el proyecto anterior con las modificaciones que hemos descrito en la planta baja y una disposición similar en la alta, modificada parcialmente por el vano de la escalera que obligó a dejar diáfana la parte posterior y sólo permitió edificar el salón de plenos y el despacho del Alcalde. Posteriormente, el traslado de la escuela de niñas y niños, la construcción de una vivienda para el secretario, y otras modificaciones posteriores enmascararon estas obras, pero no la estructura de muros y vanos que permaneció intacta.
La reedificación del Ayuntamiento en la Alcaldía de Antonio Jiménez durante la década de los ochenta del siglo pasado  de nuevo ha modificado toda la parte posterior, pero ha respetado la fachada y los muros anteriores a la escalera, cuyo primer cuerpo permanece en su sitio y cuyos muros, por consiguiente, pueden datar de esta época, como se pudo comprobar  en la reforma de 2007, Alcaldía de Manuel Mora, que solo saneó algunas partes mal ejecutadas y realizó la adaptación para las personas con discapacidad.





















miércoles, 6 de junio de 2018

Las muñecas del claustro del refectorio de Parchilena.


El claustro del refectorio es obra de fray Fernando Marín de entre 1739 y 1758, constituyendo una de las escasas construcciones del monasterio que sobrevivió al terremoto de Lisboa de 1755, según la documentación que hemos aportado recientemente en este mismo blog. Históricamente se accedía a él desde el compás, el recinto o patio que antecede a las dependencias monásticas y que lo separan del exterior, y que en este caso concreto, alojaban una antigua viga de aceite que hasta hace muy poco se conservaba en su lugar original intacta. La entrada no se hacía directamente, era necesario recorrer un pequeño pasillo que según parece alojó en tiempos alguna dependencia agrícola, bajar unos escalones que salvan un pequeño desnivel entre ambos espacios y es entonces cuando se accede al espacio cuadrangular del claustro que, no obstante, no se encuentra centrado, sino adosado al claustro grande ocupando las tres caras restantes de la planta inferior las celdas en la parte este, el ofertorio en la parte sur y la sala de las muñecas en la parte oeste.


El acceso se realiza, pues, por el pequeño espacio rectangular de esta sala, a través de cuatro arcos soportados por dos pilastras adosadas y tres columnas, probablemente estas últimas reutilizadas de construcciones romanas anteriores, en cuyos vanos se situaban las muñecas, representación de los cuatro continentes (Europa, África, América y Asia) mediante figuras alegóricas de sus grandes ríos, según manifiestan testigos que podía leerse a los pies de alguna de ellas. No lo sabemos, porque como es bien sabido desaparecieron en los años noventa antes de una de las ventas del monasterio (las sustitutas son contemporáneas y nada tienen que ver con las originales) y hoy lucen, a decir de algunos, en patios sevillanos tras ser repartidas entre sus antiguos herederos.
Conservamos, eso sí, la memoria, y la esperanza de que algún día retornen, además de una fotografía publicada en la revista de fiestas patronales de 1977 que sirven a su reconocimiento, y hoy publicamos. La calidad es la propia de la imprenta de la época.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Sobre el origen de Viriato, Luzenna y la Crónica General de España de Alfonso X, el Sabio.


Viriato (+ 139 a.C.) fue un rebelde lusitano que se enfrentó a la expansión romana en la península Ibérica en el siglo II antes de nuestra era, hasta que fue asesinado por sus propios hombres, que cuando fueron a cobrar la recompensa de Quinto Servilio Cepión recibieron por respuesta el célebre “Roma Traditoribus non praemiat”, Roma no paga traidores, de la leyenda. Como todos los caudillos de la época, su vida se encuentra rodeada de una nebulosa de leyendas y datos provenientes de las parciales fuentes romanas, acrecentadas en otras épocas, incluida la medieval.

Detalle de La Muerte de Viriato
(1808, José Madrazo)
Es esta ausencia de referencias concretas es la que ha permitido su identificación con el nacionalismo Portugués o Español, según épocas y modas, aunque muy pocos se han aventurado a localizar un lugar de nacimiento concreto. Un reciente estudio de Fernando Gil González sobre esta figura (2014), cita expresamente otro anterior del Portugués J. Barbosa Machado que sostiene que Viriato era un ciudadano español que vivió cerca de Lucena (Huelva) de donde era natural, citando la Crónica General de España de Alfonso X el Sabio como fuente y ofreciendo las referencias precisas (Primera Crónica General de España: estoria de España que mandó componer Alfonso El Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289. Alfonso X el Sabio, edición de  Ramón Menéndez Pidal, edit. Bailly-Bailliere e hijos, 1906. Edición Digital de la Biblioteca de Castilla León). Y obviamente, pusimos manos a la obra.
En el capítulo 43 titulado “Cuomo se levantó el ladrón Viriato”, Alfonso X, manifiesta lo siguiente:

“.... e auie estonces seycientos e seys annos que fuera la cibdat poblada – quando se levantó en España un omne muy guerrero, que llamauan Viriato, y era natural de tierra de Luzenna, e fuera primeramientre pastor, e después tenedor de caminos, et desi ayuntó muy grand gente e començo a fazer mal descubiertamentre por las tierras, robándolas e destruyéndolas todas......”   (página 28 de la edición digital).

La referencia de Barbosa Machado es, pues, certera, y el monarca conocía bien la zona, que había conquistado en 1262, y en cuyas inmediaciones cazaba en el entonces denominado bosque de las Rocinas, establecido como cazadero real un poco más tarde, y en donde ordenó edificar dos ermitas en la laguna de Santa Olaya y las Marismas. Una treintena de citas más se ocupan de la tierra de Luzenna, casi siempre en referencia a sus  belicosos habitantes, destacando entre todas ellas la del capítulo dedicado a la descripción de la población de España (página 6) que la sitúa y ofrece la explicación del origen del topónimo lusitano:

“Otra tierra y ovo que llamaron Luzenna, que es entre Guadiana y Tajo, e pusieron le assí nombre unas gentes que la poblaron que llamauan Lusios”.

Por consiguiente, según el rey Sabio, el nombre de la tribu de los lusitanos deriva de Luzenna, cuyos habitantes eran los lucios, y en cuyas inmediaciones nació y se crio el pastor Viriato. A esto mismo se refiere José Antonio Saraiva (1994), siguiendo idénticas referencias, para el que el término Lusitania, derivado de Luzenna, no desapareció época medieval pasando a denominar la región situada entre el Alentejo y el Algarbe actuales. En realidad, un análisis más detenido la Crónica, que abarca un amplio periodo de la historia anterior a Alfonso X, el término lusitania o la provincia de Luzenna en la época de Viriato, podría aplicarse indistintamente al Algarve, las proximidades de Mérida, en sentido amplio, o la tierra de Badajoz y del Algarve, en este caso, incluyendo los dos Algarves, el Portugués y el Andaluz, que es la tierra de Huelva.
La Crónica General de España, publicada en 1344, constituye, fuera de las escasas referencias clásicas, una de las primeras fuentes histórico-literarias sobre Viriato y, sin lugar a dudas, la que construye la idea del caudillo héroe resistente, rebelde, romántico y nacionalista. Desconocemos las fuentes del Rey Sabio para atribuir a nuestra tierra el nacimiento del héroe  resistente, ni existen elementos físicos o arqueológicos que puedan probar esta afirmación, pero para la historiografía local constituye, sin el más mínimo atisbo de dudas, un hito importante que permitirá deshilar la madeja de otras pistas seguro por descubrir.
Mientras esto ocurre, solo tenemos que dejar volar la imaginación, y seguro que vemos a Viriato con su rebaño en los cabezos o las inmediaciones de nuestros montes.


Bibliografía Citada.

Fernando Gil González: “Analisis historiográfico de la figura e Viriato desde los tiempos medievales hasta el siglo XIX”. Revista Estudios de Historia de España volumen XVI, 2014, p. 43. http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/analisis-historiografico-figura-viriato.pdf

V.M. CHAMORRO, J. AGUIAR y M. PASTOR, “Viriato, historia compartida, mito disputado”, Actas de la VI Mesa redonda institucional sobre Lusitania romana. Cascais, 2008, p. 75.

José Antonio Saraiva: A Cultura en Portugal, Gradiva, 1994.




domingo, 6 de mayo de 2018

Fray Fenando Marín y el terremoto de Lisboa en Parchilena.


Entre los papeles que estamos recabando sobre el monasterio de la Luz, hemos localizado una nueva memoria breve de religiosos que contiene abundante información entre los siglos XVII y XVIII de Parchilena. Entre ellas destacan las referencias a Fray Fernando Marín,  hermano lego, natural de Osuna, cantero y arquitecto, que destacó, entre otras cosas, en la reedificación del lugar tras el espantoso terremoto de Lisboa de 1755. Gracias a ello, conocemos los devastadores efectos del mismo, aunque ya teníamos algunas referencias gracias a la relación de sus efectos en la villa de Niebla, en cuyo informe se hace referencia a su total destrucción.

Patio de las Muñecas, obra de Fray Fernando Marín
El nuevo documento, y advertimos aquí que existe otra relación impresa que aún no hemos podido consultar, no desmiente esta afirmación, pero es más exhaustivo  en la descripción, permitiéndonos acercarnos a sus consecuencias y lo que es más importante, otorgando la autoría de las obras a nuestro “maestro cantero”. La relación de daños es descrita de la siguiente manera:

“.... a las puertas del monasterio se abrieron vocas que escupieron, agua, fuego y sulfúreas escorias. El convento se arruinó en la mayor parte, cayo el segundo cuerpo de su torreón; en la iglesia se abrieron sus paredes; cayó la armadura sobre sus bóvedas y por partes la abatió. Sólo en ella, milagrosamente, quedó la capilla mayor indemne; la sacristía se hundió. El claustro principal se partió por el primer piso e inclinó sus postes y arcos. El refectorio quedó inservible con la bóveda cascada. Sólo el claustro que había hecho este siervo de Dios se mantuvo firme a tan fuertes baibenes.
La comunidad que estaba en el coro cantando la tercia, viendo que la bóveda se desataba a pedazos, salió por entre las ruinas, que por todas partes caían, a buscar asilo en el campo. Solo fray Fernando se quedó en un arco fuerte que estaba a la entrada del coro acompañado de un religioso franciscano huésped, que desalentado no podía huir, hasta que viendo que se abría el arco, pidiendo a Dios misericordia, lo arrastró por no quedar allí sepultados, y corriendo por entre las ruinas sin lesión, llegaron a donde estaban los demás contristados, y discurriendo estaban debajo de las ruinas, dieron gracias a su Magestad los hubiese sacado de tanto peligro con vida, pues sólo algunos recibieron algunas leves contusiones.
Allí se allaban asombrados y sin consejo, sin saber que abían de deliberar, cuando fray Fernando valerosamente (aviendo calmado un poco el temblor, que aunque con menos fuerza repetía a cada instante) se arrojó por cima de las ruinas, registrando todo el convento y oficinas, y volviendo a el prelado, lo informó como todo había quedado inhabitable que mandase bajo de precepto que ninguno pudiese entrar adentro por que se exponía a perecer entre las ruinas que aún caían.....”.

Entonces se determinó retirase a la huerta y ocupar las casas de los hortelanos (La relación de la villa de Niebla manifiesta que durmieron en tienda de campaña) y fray Fernando se entregó a su reconstrucción, apuntalando y resanando lo que tenía compostura, y volviendo a ocupar las celdas en tres meses, y posteriormente las oficinas y la Iglesia. La muerte le sorprendió en plena edificación en la enfermería de Moguer, donde parece se retiraban los frailes a curarse, en olor de santidad y con hechos prodigiosos, que ya relataremos en otra ocasión.
Lo que ahora nos interesa, y la memoria lo deja claro, es que su clautro “aún no estaba acabado”, y que fue lo primero que compuso, aderezando las celdas para que la comunidad pudiese acomodarse en ellas. Obviamente se trata del Patio de las Muñecas, cuya edificación también queda datada entre 1739 y 1758, puesto que también se nos informa que vistió el hábito 19 años en este monasterio. Entre 1755 y 1758 a su mano se debe el saneamiento de la iglesia, “que parecía no haber sido comprehendida en la desgracia”, sin la torre, que nunca fue reconstruida y permanece inacaba, aunque sí la espadaña para las campanas, y el refectorio, anejo a este claustro, según manifiesta expresamente la memoria, resaltando su fortaleza.
No son las únicas obras de este singular arquitecto, de ellas nos ocuparemos en próximas entradas, en otras partes del monasterio y fuera de él, y otros autores.





miércoles, 2 de mayo de 2018

Para escribir desde el frente.

Recibir noticias o enviarlas a la familia, la novia o los amigos era, según la mayoría de los soldados, lo mejor y más humano de los frentes de guerra, una tarea nada fácil en las circunstancias de los conflictos. En las duras condiciones del combate no había consuelo, ni nada podía acercar a los soldados a sus seres queridos y a su terruño, pero las noticias, las fotos, o la imágenes del Santo Patrón podían proporcionar el calor que las condiciones robaban. Con este objetivo, y no sabemos si con algún otro, se imprimió en nuestra localidad con motivo de la Guerra Civil papel para escribir tamaño folio de alto y 2/3 de ancho, para ser plegado en 1/4, y espacio para ser franqueado, que utilizaron los luceneros para dirigirse a sus seres queridos. 

Parte externa





















Desconocemos cuantas de ellas llegaron a su destino y cuantas se conservan escritas, que alguna quedará. En cualquier caso, constituyen un testimonio con los escapularios, medallas y la particular devoción al Corazón de Jesús que desarrollaron nuestros combatientes. En próximas entradas mostraremos algunos de ellos.

Parte interna preparada para escribir



martes, 24 de abril de 2018

La primera desamortización de Parchilena.


No es fácil reconstruir la historia de Santa María de la Luz de Parchilena entre la dominación francesa y la exclaustración (1812-1836) por la ausencia de documentación original. Es más, somos muy críticos con la escasa documentación existente, muy sesgada,  y con unas fuentes historiográficas que citan documentación original, que actualmente no existe, o no se localiza o está disponible, aunque tengamos constancia de su existencia.

Por eso tiene más valor el testimonio que presentamos a continuación, un simple documento administrativo de comparecencia y avecinamiento, que viene a probar la primera desamortización del monasterio. En efecto, en la documentación aneja a las actas capitulares aparece una petición fechada el 31 de diciembre de 1812 de Fray Juan de San Francisco, procurador mayor del “disuelto convento de la Luz y professo en él” por la que comparece y manifiesta que,

“.... es bien notorio no solamente en este pueblo, donde es conocido de todo el vecindario, sino de todos los pueblos comarcanos, y que su conducta es bien sabida es exemplar, según su estado, sin haber dado en el tiempo que permaneció en su monasterio la más leve nota, y por esta razón ha tenido y tiene a este vezindario mucho afecto, y por lo tanto desea que en el interin el explicado su monasterio, que se haya en este término, se le admita por vecino, para lo qual se obliga a satisfacer las cargas que devan sufrir los demás vecinos, y para ello se le haya de franquear el goze que assimismo tengan los referidos vezinos, pudiéndose aprovechar del término de este pueblo, lo que oido por los expresados señores de cabildo, y constándole que quanto lleva expuesto el referido Sr. Juan de San Francisco es cierto y verdadero, desde luego determinaron admitirlo por su vecino, haciéndole saver esta providencia, y que assimismo haya de tener casa sensada para poder gozar lo que con arreglo a derecho a Rs. Ordenes está prevenido....”

Parece obvio, por las fechas, que el monasterio se suprimió con arreglo al Decreto de 18 de agosto de 1809 de José Bonaparte, o lo que es lo mismo, durante el periodo de ocupación francesa, puesto que el decreto de las Cortes de Cádiz es posterior (13 de septiembre de 1813), y no se aplicó por el retorno inmediato de Fernando VII, aunque afectara a los monasterios suprimidos o destruidos por el invasor. La ocupación francesa y los combates en sus inmediaciones, se prolongaron, que sepamos, entre 1810 y agosto de 1812, momento este en que según el documento el monasterio estaba ya disuelto.
La solicitud de avecinamiento de su procurador mayor, responsable de los asuntos económicos de la casa, nos permite aventurar que algo esperaban los exclaustrados de la expulsión del invasor francés. La alusión al interín como periodo transitorio se refiere, sin lugar a dudas, a su deseo y la posibilidad de restitución de sus bienes y derechos, lo que ocurrió de hecho con la vuelta al absolutismo monárquico, aunque sabemos por otros documentos que aún en 1815 no se había completado.
Posteriormente, en 1822, la restitución de la legislación de las Cortes de Cádiz, y por tanto el Decreto de 1813 y un nuevo Decreto de 1 de octubre de 1820 que suprimió todos los monasterios de órdenes monacales, provocaron la segunda exclaustración, de la que tenemos noticias por el traslado de enseres e imágenes a la Iglesia de San Vicente en la documentación del Archivo Parroquial. Pese a ello, tampoco llegó a completarse, retornando los frailes con la vuelta al absolutismo, aunque de nuevo tampoco sabemos exactamente como tuvo lugar este proceso, ni siquiera si llegó a completarse.
Finalmente, los decretos de 1835 y 1836, acabaron, ahora sí, con la venta en pública subasta de todos los bienes de Parchilena, en un proceso largo que duró varios años y del cual poseemos el inventario de bienes del ya “suprimido” monasterio de la Luz, firmado por su último prior José Pascual Zúñiga. De este último documento sólo poseemos la transcripción realizada en el manuscrito anónimo titulado “El Monasterio de la Luz; su amanecer y ocaso” (Madrid en 1951), cuya fecha ignoramos, por lo que puede ser incluso anterior, ya que se relacionan algunos enseres que nos consta fueron trasladados en 1822 y no tenemos medio de comprobación.